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Un ciberamigo, un ciberorgasmo y una posible realidad. PARTE 1

Un ciber amigo, un ciberorgasmo y una posible realidad. Parte 1 Tiendo a pasar parte de mi día a día en internet por cuestione...

miércoles, 5 de abril de 2017

Déjate llevar

Déjate llevar


Sonó el despertador a las 7:15. No sé en que manual de iniciados al Boxeo ponía que había que pegarse un puto madrugón para correr antes. Quería ponerme en forma, pero no ir hecha una zombi. Sin embargo mi nuevo entrenador personal, un amigo que conocía hace unos meses, me lo había dejado muy claro. "A las 7 y media te espero en la puerta."

Mi entrenador personal... que bien sonaba joder. Recordar como le quedaba la ropa de deporte hizo que de repente madrugar fuese una maravilla, por que iba a verle en unos minutos. Seamos sinceras, que sí, que iba por que quería empezar a cuidarme y estar mejor fisicamente, pero eso no quita el extra de llevar un caramelo delante. Y así corría yo. Como si fuese una niña pequeña corriendo detrás de una piruleta de cereza.

Bueno, al lío. Me levante de la cama como pude mirando con cara de pena a la perra... pena por que yo no podía dormir como ella. Fui al baño y me aseé, me lavé los dientes, me peiné y volví a mi habitación donde me enfundé las mallas, el top deportivo y las zapatillas de deporte. Comprobé que tenía el móvil cargado de batería, a veces poníamos música, y salí de mi casa con pocas ganas.

Pero ahí estaba él... 1,80 de altura, cuerpo atlético, muy músculoso que me hizo preguntarme cuanto pesaría, ni un gramo de grasa y todo puro músculo, el pelito revuelto, esa sonrisa que me hacía entrar en calor y alegraba mis madrugones suicidas y su ropa. ¿Pero por qué le quedaba tan jodidamente bien esa ropa? Ay señor, que calor para ser las 7 y pico y estar tan ligera de ropa.

Me dio un beso en la cara y su perfume me llegó hasta el fondo de mi alma. Olía tan bien que me dolía, me mareaba, quería perderme en el sueño otra vez impregnada de ese olor. Me sacó de mis pensamientos con un cachete en la espalda, diciendo un "vamos" muy alegre y activo. ¿Qué toma este tío para tener esa energía? Si estoy medio dormida aún.

Pero no tardé mucho en despertarme del todo. Bastó con quedarme un poco tras él para ver como se movía y los músculos de su cuerpo se tensaban con cada movimiento que hacía. Giró la cabeza y paró.

-A ver, ¿muy temprano aún? - Dijo sonriendo mientras me cogía del brazo. - Tenemos que calentar un poco antes de empezar seriamente, ya lo sabes, así que venga.
  • Frío – Sólo dije eso. Claro es que teniendo su mano tocándome y viendo como las venas de su brazo estaban a la vista dejando claro su forma física pues no me ayudaba mucho, y menos a estas horas y sin nada en el cuerpo, me iba a dar un algo muy chungo un día de estos. - Es que hace frío, ¿tú no tienes?
  • No – Negó y tiró de mi. - Venga, quiero ver como mueves el culo, que si no te me acomodas detrás y no te mueves.

Me sentía observada, lo cual no me ayudaba NADA. Ya de por si llevaba unos días muy tonta con él. Con él, con su olor, con su pelo, con su sonrisa, con su espalda que se tensaba al correr, sus brazos que se marcaban cuando cogía algo de peso, su....BASTA. Correr, hay que correr para poder empezar con el boxeo. El boxeo requiere prepararación, entrenamiento. Así me lo dijo él muy serio cuando le dije que queria ponerme más fuerte y aprender a defenderme de malos. Céntrate salida.

Después de unos minutos corriendo sentía que el corazón se me iba a salir por la boca y no era amor, era asfíxia. Si corría un poco más iba a caer redonda al suelo. Así que me paré con las manos apoyadas en mis rodillas cogiendo aire.

-Pero bueno, ¿Ya está? - Dijo sin dejar de moverse a mi lado. - Pensaba que tendrías más aguante.
-Lo tengo, pero en otros ámbitos. - dije ironicamente. - Es que llevo mucho sin correr y estos días íbamos mas despacio.
-Es que si siempre vamos lentos no te acostumbrarás nunca. Y esto es el calentamiento de la clase, en el gimnasio son más duros ya lo sabes.
- Ya lo sé, pero...¿Cómo tienes tanta enregía? No eres de este puto mundo. Apenas son las 8.
-Costumbre supongo. Vamos.

Volví a iniciarme y cogí un poco de ritmo. Ya si. Ahora si iba yo en mi salsa corriendo y disfrutando del paisaje, que no era el parque por el que corríamos, sino su cuerpo, por que ahora él iba delante. Así es un incentivo para correr, claro que si, así soy capaz de llegar a China corriendo.

Tan atenta estaba yo del monumento que se movía al ritmo de piernas delante mía que yo gilipollas de mi pille una piedra, me tropecé y me doblé el tobillo cayéndome contra todo el suelo de cara. Genial, esto iba a ser un incentivo precioso.

-¿Estás bien? - Vino hacía a mi en cuanto me quejé. - A ver.
-Me he tropezado. - Dije secamente muerta de verguenza. Dios mio que manos, si es que casi no pienso en el dolor mientras me toca. Ay... que bien huele. - Me duele.
-Tendrás una fractura. - Metió sus brazos bajo mis piernas y me cogió, al más puro estilo oficial y caballero. Estaba ya pensando como romperme algo el próximo día. - No hagas esfuerzos te llevaré al banco.

Madre mia que cuello, ahora verlo más de cerca, tan marcado tan... varonil. Me iba a morir. Debería estar rabiando del dolor, no pensando con los bajos, pero es que esto merecía eso y más. Me sentó en un banco del parque, esperando ver si se me pasaba, pero eso no tenía pinta de pasarse. Así que terminé en urgencias donde me dijeron que tenía un esguince de tobillo y que tenía que estar en reposo.

Tres días corriendo, tres días entrenando en un gimnasio con gente que parecía que me veía como si fuese un extraterrestre y el cuarto acabo en urgencias. Pues si que tenía esto buena pinta, nótese la ironía. Se empeñó en llevarme a mi casa, y meterme en la cama. Le dije que no que estaría bien, pero como vivía sola no me dejó, me dijo que necesitaría ayuda.
Cuando llegamos todavía estaba en peligro de volver a caerme por las muletas. No estaba mi casa lejos del hospital, así que fuimos a pie y yo a la pata coja con él a mi lado soltando bromas que, en otro momento, me habrían molestado, sin embargo me hizo reír.

Me las quitó de las manos y me volvió a coger en brazos para subir las escaleras hasta mi piso, por que ese día el ascensor también decidió averiarse. Todo parecía estar en mi contra ese día. Todo menos él. Quizás lo único bueno que sacaba de todo esto era que tenía más contacto con él del habitual y que estaba tan pendiente de mi que me lo quería comer... entero.

Me dejó en mi cama deshecha, y me acordé de mi madre. "Siempre tienes que hacer la cama por si acaso pasa algo", pero es que claro, ¿quién iba a pensar que me iba a acompañar un maromo a casa?, nadie. El caso es que pareció darle igual, me dejó allí y fue en busca de una botella de agua y me la dejó en la mesita, me acomodó en la cama y se me quedó mirando.

  • ¿Qué? - dije sin entender por qué me miraba así.
  • ¿Tendrás que cambiarte, no? - Claro, contigo aquí y ya me muero de verguenza hoy. - Puedo ayudarte a sentarte y me salgo.
  • Vale. - Dije roja como un tomate. - Abre el segundo cajón de esa cómoda y dame una camiseta de minnie que hay ahí.
  • ¿Minnie? - Se aguantó la risa.
  • Me gusta minnie, ¿qué pasa? Tu...dámela. Es como un vestido.

Se levantó y fue a coger lo que le pedí, me lo trajo y se salió de la habitación cuando me sentó en la cama.
Me costó un poco quitarme los pantalones pero no iba a pedirle ayuda para eso. Y cuando por fin me puse la camiseta que me llegaba hasta los muslos a forma de vestido le grité que podía pasar.

-Ohh que monada. - dijo riéndose de mi. - ¿Ya está bien la nena?
-No. Quiero matarte. - A polvos, pensé.- Gracias por acompañarme.

Se puso a mi lado y se quedó mirándome fijamente. Por un momento el corazón me latía muy deprisa,y creía que en cualquier momento me iba a desmayar.

-Oye... - Tragué saliva.
-¿Qué?
-Ya hay que ser torpe para hacerse una fractura con una piedra.

Quise estrangularlo. Pegarle un mordisco y quitarle esa sonrisa que tiene. Le di un manotazo y él me lo devolvió tirándome en la cama. Cayó sobre mi y nuestros pechos se pegaron tanto que casi sentíamos el uno el latir del otro.
La respiración se agitó, de ambos, y sin saber cómo sus labios estaban rozando los míos. Me quedé estática, sin saber como reaccionar, y con un nudo en el estómago que no supe como calificar. ¿Miedo? ¿deseo? ¿nervios?. Durante unos segundos de intenso roce sentí sus labios sobre los míos. Cálidos, suaves, apetecibles... pero no pude responder a eso.

Se dio cuenta y se apartó, haciendo una mueca humorística con la que salía de cualquier situación, lo cual me facilitó las cosas a mi. Pero estaba bloqueada y él lo sabía. Le gasté varias bromas para comprobar que nada había cambiado y así fue. Antes de irse de mi habitación se acercó a mi cama. Había estado toda la mañana conmigo, ¡incluso me trajo de comer!.

No sé aún por que pero le cogí de la parte superior central de la camiseta y le acerqué a mi boca, besándole por sorpresa, lo que él me correspondió ¡y de buena gana!.

No se cuanto estuvimos así, besándonos como posesos en celo, pero cuando se apartó me entró la risa, y eso se lo contagié también a él. Tras la risa sin sentido se marchó, dejándome la cabeza hecha un puto lío y sin saber como continuar aquello.
Hablé con Tatiana, mi amiga y ella, como siempre, me dijo lo que sabía ya. Que me lanzara a por él como si fuese una loba. Si fuese por ella el primer día ya me tendría que haber bajado las bragas y entregárselas como ofrenda, que lo hubiera hecho pero no era plan. Pero claro, alguien que se pasa el día más salida que el palo un churrero qué me iba a decir... aunque en el fondo pensaba lo que decía, no os creáis, se preocupaba por mi y sólo buscaba mi bienestar, el cual por cierto descubrí que empezaba con él.

Estaba más aburrida que una ostra, sin poder moverme y sin salir de esa cama, así que como pude fui por un libro y me entretuve un rato leyendo. Después cambié a la tele pero no había nada interesante y acabé quedándome frita a la hora de la siesta. Me despertó el móvil, y antes de mirar ya imaginaba quien era, o mi amiga o él. Me alegró saber que era él y no la pesada de mi adorada amiga para decirme si me lo había tirado ya. ¡Que presión por dios! Y que razón llevaba la jodía. Porque sí, en el fondo ella Tatiana tenía razón y estaba deseando acostarme con él, pero algo no me dejaba. Y ahora mi pie tampoco colaboraba.

  • ¿Como te encuentras, coja?
  • Mejor. - Pensando en ti, capullo. - Creo que mañana tendrás que seguir sin mi.
  • Lo superaré. - Puso voz dramática. - Aunque no te librarás de mi.
  • No puedo ir contigo. - Mi voz interior y Tatiana, en mi mente, resonaba con las palabras "que vaya a casa" susurradas como si fuese una película en la que el demonio está en tu oreja.
  • ¿Y no me vas a invitar a tu casa? Que rápido te desprendes de tu entrenador. - Fingió sentirse dolido.
  • Sabes que puedes venir cuando quieras. - y quedarte toda la vida si quieres. En mi cama para más señas.



No pude dejar de pensar en él, y no por que desde que colgué me tirara hasta la noche hablando por mensajes, no, sino que no podía quitármelo de la cabeza ni mientras cenaba, lo cual casi me hace matarme por el camino. Y el olor... por que cojones tendría ese olor en mi cuerpo. Olía a él, y tan bien... que quise meterme en una bolsa hermética para conservarlo para siempre.

Me costó horrores dormir. El dolor del pie era lo de menos, es que no paraba de pensar en ese beso. Por que no era un beso, era EL BESO, como me había dicho Tatiana por la noche cuando hablamos. Era la señal que esperaba.

Me tomé lo que me mandaron en el hospital para el dolor y eso me dejó inerte. Muerta. Drogada totalmente. Así que cuando me desperté lo hice por que el timbre de mi puerta estaba sonando y yo aún estaba despegando un ojo. Grité que quién era desde la cama y me iba a dar algo cuando lo oí a él. ¿Pero qué hora es? Miré el móvil y vi que eran las 9:30. Me hablaba a través de la puerta diciéndome que no hiciera esfuerzo y fuera con cuidado. Me sorprendió notarme mucho mejor.

Cuando abrí la puerta se me quedó mirando, aguantándose la risa.

  • ¿Qué? - dije sin saber de que se estaba partiendo. - ¿Qué pasa?
  • Tu pelo. ¿Te has peleado con alguien esta noche?

Me miré en el espejo de la entrada y me quería morir. Estaba completamente bufada y su risa se me contagió. Le invité a pasar y se sentó en el sofá. Traía un paquete de la pastelería que dejó en la mesa.

  • Supuse que no habías desayunado. - Destapó el paquete. - Y como ahora estás malita habrá que mimarte.
  • Oh dios... - dije cuando vi los bollitos de crema y chocolate. - ¿Para esto estoy yendo a correr?
  • No. estás yendo a correr para estar conmigo. - Mierda, me había calado parte del motivo. - Es broma, pero por una vez...

Eso creía él, que era broma. Me metí uno de los bollos de chocolate en la boca y casi gemí del gusto, todo esto bajo la atenta mirada de él que parecía disfrutar mirándome. Cuando acabé no me quitaba los ojos de encima. Y pareció que entendió mi cara de interrogación, por que me dijo un "nada, es que eres guapa hasta así". ¿Así cómo? Pensé. Pasó su dedo por mi boca, llevándose el chocolate que me había limpiado de los labios y se chupó el dedo. Algo que me puso tensa, muy tensa, dejándome totalmente descolocada.

Me ayudó a levantarme y me llevó a la cama, pese a mis esfuerzos por no acostarme, por que tampoco tenía dos piernas menos, sólo era un esguince. Pero nada, acabé en la cama y una cosa llevó a la otra y cuando menos me lo esperé sentí su mano por mi muslo, subir bajo mi super camiseta de minnie.

El pulso se me aceleró, la respiración me salía a destiempo y sentía un nudo en la garganta que me hacía palpitar cada rincón de mi cuerpo, rincones muy muy íntimos y escondidos. Su olor me embriagaba, me estaba llegádo al fondo de los pulmones y por momentos sentía que o le olía o me asfixiaba. Me quedé quieta, viendo como llevaba él el momento, recordando los consejos de Tatiana. "Déjate llevar". Y me dejé. Me tumbó y se puso a mi lado, mirándome, y acercándose cada vez más hasta que sus labios rozaron mi cuello y un escalofrío me recorrío todo mi ser.

Su mano ascendía desde mi muslo hasta la cintura, y de ahí a mi culo, metiéndose por la braguita y acariciándome los cachetes. Di un respingo, y me siseó que me calmara. Asentí, sin poder dejar de besarle, buscando su boca, su lengua, sus labios... Seguía subiendo su mano hasta llegar a mi pecho donde me agarró uno y con un dedo me rozaba el pezón, poniéndolo más dudo aún. La camiseta me sobraba y me la sacó despacio y con cuidado dejándome sólo con las braguitas debajo de él.

Él seguía vestido, y muy muy guapo con su ropa de deporte. Se quitó las zapatillas con los pies, y se puso de rodillas encima de mi para quitarse la camiseta, momento que yo aproveché para meter las manos bajo ella y acariciarle el pecho, subiendo conforme lo hacía la tela. Suspiré cuando note su torso duro, fuerte, suave.
Mis ojos se desviaron hasta su cintura, más abajo, hasta centrarse en su erección que se notaba a través del pantalón.

La cara me ardía, estaba nerviosa, excitada y no sabía si esconderme o decirle que hiciera conmigo lo que quisiera. Pero no hizo falta, él habló por mi. "Shhh, yo voy a cuidarte princesa" y sonó tan bien que me lo quise creer, al menos en ese momento.

Entrelazó sus manos con las mias, mientras estaba sobre mi y no dejó de besarme, despacio, saboreando mi boca, pegando su pecho al mio, ambos desnudos, y notando su erección en mi vientre.

Me solté de él y agarré su cara moviendo mis manos hasta su pelo, metiendo los dedos entre sus mechones y agarrando su cintura con una de mis piernas. La otra no la podía mover, maldita.
Sus manos recorrían mi cuerpo, agarraban mis pechos de una manera que creía morirme de deseo, una de sus manos me soltó y siguió bajando, hasta llegar a mis braguitas e introduciendo su mano en el interior de ella. Apreté los muslos por inercia, nerviosa, pero cuando noté sus caricias tan delicadas me relajé y me dejé llevar.

Su boca abandonó la mía, dejando un camino de besos conforme bajaba. Mi cuello nuevamente acogía sus labios, para poco después, dejarlos marchar por mi pecho, deteniéndose en mis pezones duros que se estremecian bajo la humedad de su lengua. Un calor intenso me invadía entre los muslos, su mano no dejaba de acariciarme y su boca no dejaba de bajar.

Agarró las braguitas con sus manos y levanté las caderas para facilitarle el trabajo. Me desprendió de ellas y ahora estaba totalmente desnuda frente a él. Me sentía indefensa, nerviosa y muy muy expuesta. Siguió con su boca por mi cintura hasta llegar a la parte más íntima de mi. Me miró con dudas pero, no supe que hacer y simplemente me dejé llevar presa de la situación, los sentmientos y el deseo.

Gemí cuando su lengua se coló en la zona más sensible, me arqueé cuando con ella subía y bajaba por mi sexo y sus manos agarraban las mías contra la cama, evitando que pudiera tocarle. Hundía su cara entre mis muslos y la visión desde mi perspectiva era tan excitante que sentía que iba a morir de placer ahí mismo. Me miraba mientras exploraba con su boca mi sexo y por un momento abandonó una de mis manos para llevar la suya hasta mi entrada. Primero un dedo, despacio, abriéndome para él, poco a poco iba metiéndose en mi y adueñándose de cada centímetro de mi cuerpo.

La sensación no podía ser más erótica y placentera, cerré los ojos y me mordí el labio mientras me movía bajo él con mis caderas lo poco que podía. No pude aguantar mucho más esta tortura placentera y simplementeme me corrí mientras él ejercía presión con su boca en mi sexo. Agitada y sofocada respiraba con dificultad. Se incorporó y me miró, quitándose los pantalones que aún llevaba, comprobando que debajo de ellos no llevaba nada.

Se posicionó entre mis piernas y se colocó en mi entrada. Poco a poco entró en mi, llenándome por completo y haciéndome sentir plena. Agarró mis muñecas a la altura de mi cabeza y poco a poco iba entrelazando los dedos con los míos, mientras me besaba de una forma como si quisiera trasmitirme algo a traves de nuestras bocas, ¿un sentimiento? A día de hoy no lo sé, pero fue la mejor sensación que había sentido nunca.

Sus embestidas, tan delicadas como placenteras y sensuales me estaban llevando al séptimo cielo. Perdí la noción del tiempo, me olvidé de mis miedos, mis temores y de todo, sólo existíamos él y yo. Nuestra respiración, nuestros cuerpos, nuestras ganas. Noté como se aceleraba su respiración contra mi boca, como jadeaba mientras entraba y salía de mi, y como sus músculos y su cuello se tensaban para lo que iba a venir. Iba a aquitarse, pero algo me hizo apretarle entre mis piernas, suplicando con mis ojos que no se moviera nunca de ahí. Y así, entre embestidas sentí como se corría dentro de mi y como nuestros gemidos se entrelazaban con nuestras lenguas.

Cuando se apartó y se puso a mi lado me abrazó desde atrás y así, en esa posición, me quedé dormida y no se ni cuanto tiempo, sólo se que las palabras de Tatiana resonaban en mi cabeza como una canción pegadiza "déjate llevar".

Fin.

lunes, 3 de abril de 2017

Inocente Dulzura Parte 4 (Final)

Inocente Dulzura Parte 4


La escarcha de los vasos se deslizó por mi mano, pero ni eso consiguió sacarme del estado de shock en el que me encontraba en ese momento. Estaba frente a la puerta de mi habitación con las bebidas en la mano, mirando la puerta una y otra vez sin saber que hacer, si entrar o no, si llamar o no... no sabía que debía hacer ahora. No había actuado bien y las consecuencias de esto se vería más pronto que tarde.

Tenía que entrar en algún momento, así que cogí aire y abrí la puerta. Cuando vi a Sam sentado entre los papeles aún me quería morir. No por los papeles, sino por lo que acababa de hacer. Tardé un rato en acercarme y casi se puede decir que lo hice por que me llamó la atención él mismo.

  • -¿Estás bien? - Se levantó y vino hacía mi.
  • -Sí... toma.
  • -Has tardado mucho. - dio un trago a su café.
  • -Es que había mucha gente.



No quise hablar más y me fui al baño directamente a meterme en la bañera con agua fría. Mi teléfono sonó varias veces, avisando de un mensaje nuevo en la APP, y pasé de mirarlo. Bastante lío tenía ya hecho y bastante mal me sentía ya. Bajo el agua no paraba de darle vueltas a lo que pasó en ese día, de hecho, pensaba si estaba soñando o era verdad. Cerré los ojos y dejé que el agua me empapara, eché jabón en mi mano y me recorrí cada rincón de mi cuerpo intentando no sólo limpiarme por fuera, sino por dentro. Pero la conciencia es algo que con agua y jabón no funciona. Me pasé la mano por el cuello, recordando sus besos y la lengua, cuando bajaba con ella por mi espalda. Me enjaboné los pechos, llegando a mi memoria cuando su boca atrapó el pezón y juegueteó con el. Casi de inmediato se me pusieron duros.

Maldije. Seguí bajando mi mano llena de espuma hasta mi vientre, mis muslos, la metí entre mis piernas y no podía pensar en nada que no fuese su cabeza ahí, con su boca dándome placer y haciéndome temblar hasta que me corrí en sus labios.
Estaba empapada y no sólo de agua, no. Estaba excitada sólo con recuerdos de hacía apenas un momento.

Me costó mucho no dejarme llevar y tocarme pensando en eso. La cabeza estaba hecha un lío "sólo sería una vez, y no tendría por que enterarse. Después de esto no nos volveremos a ver". ¿Sería eso posible? Dicen que toda mujer guarda un secreto inconfesable, ¿podría ser este el mio?. Maldita Lucía que me ha arrastrado a esto, y lo peor de todo, me he dejado arrastrar. Salí del agua y fui a vestirme. Tenía que apartar eso de mi mente, esto no podía continuar por ese camino.

Me puse un vestigo negro, por encima de la rodilla, sin tirantes y con un escote de seda.No llevaba sujetador y las braguitas eran negras, de encaje, un trocito de tela practicamente. Una gargantilla pegada al cuello del mismo color y los zapatos de tacón que Sam había dicho la primera vez. Los negros de aguja con un lacito anudado atrás, en el tobillo. Asi tendría excusa para que volvieramos pronto y evitar problemas. El pelo me lo dejé suelto.
Apenas me maquillé, para evitar que cuando se me encendiera la cara se me viera cargada. Por que se me encendería, estaba segura.
A las 20 estabamos abajo esperando a que llegaran, y cuando los vi aparecer miré al suelo automáticamente.
Salimos de allí y acabamos haciendo un recorrido por varios locales del centro de la ciudad. "Los mas famosos" dijo él. Supongo que eso era algo bueno para lo que sea que estaban haciendo, no es que el trabajo de Sam me interese.

El último local fue... raro. ¿Pero qué es ésto? Estaba todo el mundo restregándose con otros. La boca me llegaba al suelo y la música ochentera llamaba mi atención. ¿Pero qué coño...?. Mi cara era un poema, y supongo que humorístico viendo las caras de los que iban conmigo. Si me decían que estaba en un rodaje a lo Dirty Dancing me lo creería, sólo que yo no era Baby... ni tendría la suerte de serlo jamás.

Los pies me estaban matando y eso que apenas llevaba un par de horas dando paseos. Digo apenas por que lógicamente nos íbamos sentando y tomando algo. Se ve que este local ochentero despertó el interés de ellos, por que nos sentamos y empezaron a hablar mientras yo, aburrida, miraba mi móvil.
Intentaba evitar a toda costa las miradas del señor X, que no hacía más que intentar provocarme. Que si una insinuación por aquí, que si un roce por allá, el jiji, el jajá, y claro, cómo no, mensajes. Mensajes que eran de todo menos inocentes.

"Todavía me queda mucho de lo que te dije por cumplir, aunque hoy quiero llevarme tus bragas conmigo."
Claro que si, en eso estaba pensando. En aparecer en el hotel sin bragas y que mi novio me preguntara por ellas, total nadie iba a darse cuenta... ¿Es que está loco este tío? Para qué pregunto, pues claro que lo está. Le puse un icono como respuesta.

Necesitaba ir al baño pero no me atrevía. Sentía miedo de que me acompañara, así que le pedí a mi novio por lo bajini que viniera él. Después de su cara de incredulidad accedió, aunque tuve que inventarme un rollo en plan "es que no me gusta este sitio y me dan mala espina ese grupo de allí", por que no iba a decirle " quiero que vengas conmigo por que si no vienes ese cliente tuyo vendrá a follarme sin piedad".

Estaba en el baño, mi novio en la puerta y mi móvil en el bolso vibrando. Miré sin poder evitarlo y era él. Lo sabía. "Sientes miedo de ir sola al baño? Te acompaño?" que graciosete estaba. Salí de allí ya mejor de lo que entré y volvimos a la mesa. Entre copa y copa parece que nos asentamos en este garito y no nos íbamos a ir. ¡Se supone que los clientes eran serios!. Mandé un mensaje a Lucía y cuando me respondió me puso muchos "jajajas" y el icono de la cara muert de risa. Parece que mi situación le estaba resultando a ella muy cómoda. A mi en cambio no. Estaba hecha un manojo de nervios, bebía más de la cuenta por que no sabía que hacer y tampoco me iba a ir y dejar a mi novio tirado. "Claro, es mejor que te quedes y te termines tirando al otro, es mucho mejor" , me dijo mi amiga cuando volví a mandarle un SOS.

Fui a la barra a por otro gintonic, lo pedí y me quedé esperando mirando el móvil mientras. Cuando aparece una mano que me lo quita y en su lugar me tira un papel en la barra. Lo cojo, aunque antes le tiré del brazo preguntando que coño hacía y pidiéndo mi teléfono, y muy sonriente me señaló el papel con los ojos.
"Si quieres tu móvil tendrás que venir a por el, y ya sabes donde".

Confiaba en que el patrón de seguridad le aislara de toda mi privacidad. Me acerqué a la mesa donde estaba mi chico y le comenté en el oído que me iba un rato a tomar el aire. Me preguntó si me encontraba bien y le dije que sí, que sólo necesitaba un poco de aire por ese ambiente tan cargado. Sin embargo cuando vi que volvió a su tema con el otro me fui para el baño.
Estaba en la puerta, de pie y apoyado sobre la pared con los brazos cruzados. Con un gesto de la cabeza me indicó que le siguiera.

Fuimos hasta un cuarto donde ponía "sólo personal autorizado", necesitaba una llave, así que no entendía nada. "Un amigo trabaja aquí" dijo mientras la sacaba de su bolsillo. ¡La llave, mal pensados!. Abrió y aquello era... ¿Un despacho? Pues tenía la pinta. Mientras yo miraba todo con atención con un nudo en el estómago escuché la llave. Cerró y conmigo dentro.
  • -¿Qué estás haciendo? - Fui hasta la puerta. - Dame mi móvil.


Me cogió del brazo, me dio la vuelta y con la otra mano en mi cabeza me puso contra la puerta.

  • -Suéltame. - No me podía mover, me tenía inmovilizada con un brazo atrás, pegado a la cintura y la mano en la cabeza presionándome. ¿Esto era una llave de esas raras?. - Esto no va a salir como quieres. Lo de esta tarde...
  • Me supo a poco. - Ay dios. Y a mi...
  • No tenía que haber pasado, estamos pasando los límites.
  • No los estamos pasando. Simplemente no los hay. - Se pegó a mi y empezó a olerme.
  • Tu olor...Siempre me pregunté como sería. Y tu pelo, te he dicho miles de veces que me encanta.
Sí, me lo había dicho. Y ese día no sé por qué decidí dejármelo suelto.

Cesó su agarre de ambos lados y metió una de sus manos bajo mi vestido, agarró las bragas y tiró de ellas. Me escoció alguna parte cuando la tela se rasgó con mi piel. Pero por alguna razón que aún no entiendo eso me excitó. Se las guardó en el bolsillo de su pantalón vaquero y su mano indagó entre mis piernas, acariciando los puntos que más me hacían arder, los que mas nerviosa me ponía... era como si supiera todo de mi, como si pudiese ver a traves de mi mente y descubrir mi mas oscuros deseos. Muchas cosas las habíamos soltado pero otras... las estaba descubriendo ahora mismo.

Me volvío hacía él, se quitó el cinturón y me ató las manos, esta vez delante.Tenía el vestido subido y mi culo estaba en contacto con la puerta metálica fría. Vi como su boca se perdío junto a sus manos bajando la parte superior de mi vestido, dejando mis pechos al descubierto, por no llevar sujetador. Me mordió de una manera tierna, juguetona, pero con prisas y muchas ansias. Sabía que no teníamos tiempo y él también lo sabía, así que no se andó por las ramas.

Saboreó de mis pezones lo que quisó, mordió, junto mis pechos y pasó su cara por ellos, perdiéndose en su tamaño que tanto le gustaba. Cada segundo que pasaba yo notaba como mi interior se calentaba más, como mis ganas por el dominaban mi entre pierna y me evadían de esos pensamientos de moralidad. El no parecía pensar en nada, sólo en el momento y en disfrutarlo. Su erección encerrada en sus vaqueros presionaba mi vientre y eso me hacía desearle aún más.

Con las manos atadas fui a su paquete, busqué el botón y el se apartó de mis tetas para mirarme, satisfecho con mi cambio de actitud. Observó en todo momento mis manos desprenderle de la ropa y podía notar a escasos centímetros de mi cara como su respiración se aceleraba casi tanto como la mía.

Y ahí estaba. Acaricié su miembro por encima de la ropa interior, sintiendo como cada vez aumentaba su tamaño y dureza. Disfruté con ese momento de "poder" en el que yo le llevaba a él, en el que mis manos guiaban su deseo. Verle así, rendido por unos segundos, en mis manos atadas me estaba poniendo cachonda perdida.
Se la saqué y la acariciém despacio, atrayéndola hacía a mi vientre, movimientos suaves, pausados, lentos pero deseados. Y sin pensar y dejándome llevar me puse de rodillas y note como su cara cambiaba su expresión.
Acerqué mi boca, clavé mis ojos en los suyos y sin dejar de mirarle saqué la lengua y rodeé la punta de su erección. La fui metiendo en mi boca poco a poco, mirando a través de mis gafas la expresión de su cara. Antes de llegar a la garganta la saqué, lamí de abajo arriba, entreteniéndome con la punta para volver a repetir, sólo que esta vez no me ayudé de las manos. La metí en mi boca hasta la garganta, sintiendo como me atragantaba con ella, una y otra vez.

Sus manos en mi cabeza, metidas entre mi pelo me sujetaban con firmeza, hasta que me di cuenta de que empezó a acelerar y me estaba follando la boca.

Me apartó, me puso de pie y de cara contra la pared. Agarró mis muslos y pasando primero los dedos para comprobar como estaba, susurró en mi oído "más que lista. He ansiado esto". Escuché el rasgido de un preservativo, y antes de darme cuenta sentí como la punta de su miembro me presionaba la entrada, tan apretada pero empapada. Hacía intentos por entrar en mi, rozaba su erección por mi sexo, dándome temblores en las piernas, volvía a mi entrada e intentaba meterla otra vez, hasta que de tanto presionar entró.

Mi carne se abrió para él, alguien nuevo, diferente, algo que me volvió loca en cuanto empezó a entrar y salir de mi cada vez con más fuerza. Susurrándome cosas en el oído, escuchando su respiración acelerada y entrecortada, y notando su aliento en mi cuello. La música dejó de importarnos por que de repente, sólo nos escuchabamos el uno al otro y nuestros gemidos. El deseo, el placer, la pasión...

Me agarraba de las caderas y entraba y salía de mi con fuerza, salvaje. "Que apretada estás, estaba deseando abrirte... así... fuerte" y nuevamente acelaraba el ritmo.
Me apartó de ahí y me llevó hasta el escritorio donde me puso contra él. Sujetó mi cuello con una mano, con la otra mi culo. "Quiero que cada vez que te folle él, te acuerdes de mi, de esto, de mi polla entrando y saliendo de ti hasta hacer que te corras".
Y no pude soportar más aquello y me corrí, entre gemidos que el calló con su mano y por inercia mordí.

Él seguía en mi interior, empotrándome una y otra vez, con más fuerza,, sentía como su orgasmo estaba a punto de llegar y de pronto lo sentí, incluso a través del condón noté como se corría en mi interior y me sentí satisfecha, llena, completa.


Estabamos contra la puerta aun, con la respiración muy acelerada, en silencio y salió de mi interior. Me quedé así, sin saber muy bien que hacer o como reaccionar, ¡Me daba verguenza todo esto!. Me agarró la parte de abajo del vestido y me la bajó, tapándome el culo, momento que aprovechó para decirme algo en el oído.

"Ya está, no te molestaré más, he disfrutado mucho contigo, y se que tu también. Esto quedará aquí, no nos veremos más, no hablaremos más y ¡ah! Tus bragas, me las llevo yo. Salgamos de aquí."

Cogió otra vez su cinturón de mis manos y yo me coloqué el vestido bien, aún un poco en shock por lo que me dijo, no sabía como reaccionar y me quedé en silencio. Sabiendo que aquello era el final. Lo cual no sabía si para bien o para mal, ni el final de qué. Antes de salir me dio mi móvil.




Fin.

sábado, 1 de abril de 2017

Inocente dulzura Parte 3

Inocente dulzura Parte 3

Volvió a la mesa unos minutos después que yo y llevaba la corbata tapada con la chaqueta, posiblemente para evitar que se viera la marca de mi pintalabios en toda la tela. Tenía una sonrisa de medio lado que me estaba poniendo el vello de punta. Me preguntó Sam que qué quería comer. "carretera" pensé, por que quería irme de allí cuanto antes, mi estómago no estaba lo que se dice receptivo para la comida.

  • Bueno, disculpad mi curiosidad pero, ¿tenéis planes esta noche? - Espero que no tenga la desfachatez de decir lo que creo que va a decir.
  • Sí. - dije yo por inercia dejando a mi novio con la boca abierta.
  • ¿A sí? ¿cuales? - No podía callarse claro, sino Sam reventaba.
  • Descansar en el hotel.
  • Había pensado salir un poco, enseñaros algunos locales de aquí, Sé que no estaba previsto en la reunión y que es un poco informal, Sam, pero quizás esto nos venga bien para determinar el tipo de negocio que tenemos entre manos. Verías un poco el ambiente, las zonas más transitadas y sería un punto favorable.
  • No. - Y las palabras salieron solas otra vez de mi boca.
  • Un momento, por favor.

Sam se levantó de la mesa y me llamó para que le acompañara hasta la entrada. Me sentía observada, avergonzada, nerviosa, tensa... mi móvil sonó. Por dios.

-¿Qué pasa? - Preguntó él.
-Nada, que creo que debemos descansar en el hotel.
-Pero si me dijiste que no querías estar encerrada. - Cerró los ojos como cuando un padre no sabe ya que hacer con su hija adolescente.
-Pero no les conocemos de nada.
  • ¿Y? ¿qué somos niños? Por favor...
  • Pues ve tu.
  • No, vamos los dos. Que siempre te quejas que no salimos por ahí. - me puso un dedo en la boca. - Por favor, quiero que salga bien.

Asentí. Y quería darme contra la pared un cabezazo pero eso era desorbitado en un sitio público. Miré el móvil.

"Bonitas vistas desde aquí. Aunque desearía que esa raja del vestido fuese un poco más... profunda."
Por un momento sentí mis piernas como sin fuerza. Me iba a caer, a desmayar. No se si por el estrés, el nervio o por que esto me estaba poniendo un poco excitada.

Volvimos a la mesa. Mi novio dijo que aceptaba de buena gana la idea y quedamos a las 20:00 en una calle cercana a nuestro hotel. La comida estaba siendo muy tensa. Por que me daba la impresión de que él estaba disfrutando muchísimo con aquella situación y que jugaba conmigo.
Roces debajo de la mesa, insistencia en llenarme la copa de vino (cuando mi novio había dicho que si bebía más acabaría acostándome pronto en plan broma), y varios comentarios ambiguos que me hacían morderme la lengua.

Además teníamos el extra de mi móvil, el cual vibraba con cada mensaje que él me mandaba. No los miraba en el momento, para no dar mucho el cante, pero si hacía mis escapadas al baño con excusas y rezaba para que no viniera él detrás.Cuando llegué miré los 10 mensajes que me había dejado.

"¿qué pasaba si bebías mucho?"
"Que lástima que no te sentaras a mi lado para explorar más aun la suavidad de tus piernas, por que ese momento del baño ha sido tan... "
"Me encantaría follarte contra la pared ahora mismo y taparte la boca con mi mano hasta que me la tiñeras de rojo"
"¿has mojado ya las bragas?"
"vamos al baño un momento, anda..."

No pude leer más. Mierda, iba a venir, me iba pero ya. Pues no, no me iba por que era tarde. Entró en el baño abriéndose la chaqueta. Cuando me vio sonrió, mirándome de arriba a bajo. Intenté salir pero me agarró de la muñeca y tiró de mi hasta el baño de mujeres.Cerró la puerta con el pestillo y me puso en ella.
Presionó mi cuerpo con el suyo y me tapó la boca susurrando que me callara. Movía las manos para apartar las suyas.

  • ¿Qué cojones estás haciendo? - Dije cuando logré apartar su mano. - Está ahí mi novio, y yo no hago estas cosas.
  • Por internet sí. - Podía sentir su erección en mi vientre. - Sólo es un pasito más.
  • Por internet es una cosa y ésto es otra. Yo no pongo los cuernos con el primero que se aperece.
  • Sólo sería una vez. No tiene por que enterarse. Después de este fin de semana no nos volveremos a ver.
  • ¡Que te he dicho que...- Me besó. Y aunque intenté quitarlo su manera tan salvaje de besarme y el forcejeo me estaba calentando por ahí abajo más de lo que quería.

¿Qué estaba haciendo? Esto tenía que ser una puta broma. Su mano se deslizó por mi cintura hasta mis muslos y tiró de mi falda hacía arriba. Me besó el cuello, me olía, iba despacio, tranquilo, todo lo que yo no estaba en ese momento, y lo vi como se agachaba frente de mi.

-¿Qué haces? Levanta de ahí.

Me agarró los muslos y acercó su cara a mi entrepierna, pasando su nariz por mis bragas mojadas.

-¿Seguro que no quieres? - mordió por encima de la tela. - estás empapada, nena.
-Levanta. - Tragué saliva e intenté decirlo con la poca voz que tenía en ese momento.
-Oblígame.

Apartó las braguitas a un lado, sin quitármelas, y pasó sus labios por mi sexo, acariciando con la lengua. Yo por mi parte sólo podía hacer equilibrios para no desmayarme o caerme. Me temblaban las piernas y no me sostenía con los tacones. Agarré su pelo, y tenía una lucha interna conmigo misma por si apretarle más contra mi coño o apartarlo. No podía hacer nada, solo cerrar los ojos y morderme el labio disfrutando de su lengua ahí abajo. Estaba tan, pero tan excitada que no creo que tardara mucho en correrme. Él lo sabía. Se apartó, dejándome con cara de idiota y temblorosa.

-Vale, paro. - dijo entre risas camufladas por sus dedos, los que usaba para limpiarse los labios, - Volvamos o esto parecerá raro.

¿Más? Pensé. Salió él primero después de limpiarse en el lavabo los restos de pintalabios del beso y yo tardé un rato en reaccionar y hacer lo mismo. Mi cara en ese momento no la reconocía ni yo. Estaba en el limbo, como si estuviera viviendo un sueño ahora mismo y pasaran cosas sin sentido alguno.

Estaba cachonda perdida y lo estaba pasando realmente mal. Entre el vino y la situación me iba a morir. No llegaría a casa con vida. Además delante del otro chico estaría quedando como una meona, porque el señor X si que tenía excusa "Tengo que atender una llamada", y ala. Pero yo estaba todo el rato yendo al baño.

Acabé con más vino encima del que quería, asíque me eché una siesta digna de mención. Cuando me desperté Sam estaba envuelto en papeles y yo me puse un pantalón corto y una camiseta de tirantes y bajé al bar a por algo de beber. Me apetecía algo frío, hacía bastante calor.

Cuando entré apenas había gente, estaba muy tranquilo. No como yo cuando vi sentado al señor X en la barra, vestido con unos vaqueros y una camisa blanca remangada. Cuando iba a salir ya era tarde, me había visto. Con la poca entereza que tenía ahora mismo me acerqué a la barra y pedí un batido grande helado y un café frío para llevar.

-Ni saludas, ni miras el móvil... que seca estás conmigo. - Dijo volviendo su cara a mi y acercando su taburete hasta estár a mi lado.
-Hola. - ni le miré. Bueno si, pero de reojo. - Me voy ya. Y no, no he mirado el móvil, estaba dormida.
-¿Has dormido bien?
-Perfectamente.
-¿Mucho vino?

Se puso de pie y se colocó detrás de mi. Por favor, cercanías no... Me agarró con una mano en la cintura y acercó su boca a mi oído. "Ven al baño".
A día de hoy me pregunto por que lo hice, por qué fui, por qué le hice caso y por qué soy tan imbécil.

Miré a mi alrededor para comprobar que no me veía nadie "conocido" y fui hasta el baño. Sólo había dos puertas, aquí no había vestíbulo, y no sabía en cual entrar. Me quedé allí pasmada mirando, hasta que una mano salió del de mujeres y me metió para dentro.

-Has venido. - Sonrió victorioso y me empujó contra la pared. - ¿No has podido seguir haciéndote la dura, no?
-Quería saber que querías – Fingí rechazo.
  • Ya, claro.
  • Además, ¿tu qué haces aquí?
  • Pregunté a tu novio donde os quedábais. Le dije que vendríamos a por vosotros mejor para enseñaros los locales que comenté.
Que hijo de puta más grande. Lo vi llevar sus manos al bolsillo, sacar la corbata que le había manchado de pintalabios y mostrármela sonriente.

-¿Te gustaba mucho esta mañana, no? - cogió mis manos y las ató con ella. - igual puedo hacer que ahora te guste más.
-Suéltame ahora mismo. - Madre mia.- O gritaré.
-Oh, si que vas a agritar, pero no pidiendo socorro, sino pidiendo correrte. ¿Recuerdas esa conversación que tuvimos? Yo sí. Me gusta cumplir mi parte.

Agarró mis manos atadas y las puso sobre mi cabeza. Bajó la otra mano hasta mi pantalón corto y metió la mano, se abrió paso por las bragas hasta acariciarme mi sexo, que empezaba a mojarse más de la cuenta. Tocó con las yemas de los dedos despacio, haciendo que mi boca se entreabriera gimiendo. Metió un dedo entre los labios y lo movía despacio, lentamente, sintiendo la parte mas sensible de mi cuerpo palpitar.

-Esto no está bien...no puedo... hacer... esto
-Calla y disfruta. - Susurró en mi boca, mordisqueando mis labios y dejándome a su merced ya por completo.

No podía pensar, ni quería, por que una parte de mi deseaba esto. Ceder a la tentación, saltarme lo que siempre he considerado correcto, disfrutar en manos de otro y estar a su merced. Me iba a sentir muy mal después de esto, así que ahora disfrutaría el momento lo que pudiera.

Se abrió camino con un dedo hasta mi interior, mi carne le acogió en mi zona mas privada, metía, sacaba, y añadió otro dedo más. Las piernas me temblaban. Su boca bajaba por mi cuello pegando mordiscos, lametones, marcando cada zona de mi piel. Bajó con una mano un tirante dejándo un pecho al descubierto. No llevaba sujetador y aquello pareció gustarle.
Su mano lo acogió con ganas, rozando el pezón con el pulgar y endureciéndolo rápidamente. Lo llevó a su boca, y mientras me masturbaba con sus dedos y me hacía respirar de forma agitada, me miraba, con cara traviesa metiéndose el pezón en la boca.

Verlo así, chupar, lamer, sentir como sus dientes me rozaban, como sus dedos me acercaban hasta el orgasmo que llevaba deseando desde este medio día, iba a matarme. Nuevamente me dejó al borde del precipicio de placer que se avecinaba.
Le cogí del brazo con las manos aún atadas y le hice que me mirara.

-¿A qué juegas? - pregunté medio sollozando.
-Pidemelo. - Contestó en mi boca mientras apretaba un pecho.
-No juegues conmigo...
-Sólo pidemelo, inocente dulzura.
-Quiero correrme...- Terminé diciendo desesperada y frustrada.

Me dio la vuelta y me puso contra la pared, agarró mis pantalones y los bajó hasta sacarlos. Con las bragas hizo lo mismo, dejándome de cintura para abajo completamente desnuda y expuesta. Era excitante, morboso, vergonzoso y sobretodo prohibído, por eso una parte de mi estaba más excitada que nunca.
Subió mi camiseta y comenzó a deslizar la lengua por mi columna, mientras acariciaba mi culo y lo apretaba entre sus manos. Seguía bajando, más y más, hasta llegar al inicio de mis nalgas donde rozó sus labios, mordisqueando mi culo y para mi sorpresa azotándolo y haciendo que saltara de la impresión con un "¡ay!" que provocó que me agarrara la cabeza y la acercara a la pared más aún a modo de aviso de que me callara.

Agarró mis muslos, los separó lo suficiente como para meterse entre ellos y pasear su lengua por mi ingle, el interior de mis muslos y sobretodo... lo que más ansiaba. Mi sexo.
Tenía las manos apoyadas en la pared como podía, blancas de tanto apretarlas con la corbata puesta. Me sentía tan, tan, tan vulnerable entre sus manos que sentía que iba a desfallecer.

Me hizo elevarme durante el tiempo que sentí su lengua acariciando mi clitoris, dos de sus dedos entrando y saliendo de mi, y su otra mano marcando sus dedos en mi cachete. No iba a ser fácil tapar eso. Temblaba cada vez más, me mordía el labio intentando ahogar los gemidos que se me escapaban sin poderlo evitar, y el roce de los pezones en la pared me estaba volviendo completamente loca. Succionaba, lamía, chupaba, aumentaba la velocidad de lengua y dedos haciéndome perder el control hasta que no pude mas y me corrí, con su boca presionando mi sexo y sus manos agarrando mi culo.

Durante un momento me costaba casi respirar, no podía, la cara me ardía, igual que otras partes de mi cuerpo más que encendidas. Podía oír su risa traviesa y como su ego aumentaba con aquello. Maldito cabrón, pensé.

Se levantó rozándose por mi culo y pegando su erección a el. Acercó su boca a mi oído y me susurró "Vete con tu novio que te espera, aún tenemos una salida pendiente esta noche.".

viernes, 31 de marzo de 2017

Inocente Dulzura Parte 2

Inocente dulzura parte 2


Me había despertado a las 9. Un sábado, por el amor de dios. Normalmente no salía de la cama hasta las 12 del mediodía. Sin embargo cuando acababa de darme la vuelta en la cama, me había abrazado a la almohada y tenía la boca medio abierta, una mano me empezó a llamar.

  • Vamos, levanta.
  • Un poco mas... - Me abracé más fuerte y me espatarré boca abajo.
  • Son las 9. - Dijo tirando de las sábanas para destaparme.
  • Por eso. - intenté buscar la puta sábana. Aunque no hacía mucho frío a esas horas y en bragas estaba helada. - Dame eso joder.
  • Venga, tenemos que bajar a desayunar, subir, ducharnos y prepararnos para la reunión del medio día.
  • Son las 9 joder, esa gente estará aun durmiendo. - Mi móvil pitó y lo ignoré.
  • ¿Quién es? - Preguntó.
  • Y yo que sé. Alguien que quiere joderme el día, como tu. Quiero dormir.
  • Vamos mujer, que no quiero tener que hacer cola para desayunar.
  • Oh dios bendito, que por culero que eres. Ya voy. - Me levanté con mala gana, mala cara y con unos instintos asesinos que se estaban apoderando de mi. - como mañana me despiertes a las 9 te dejo.
  • Ponte cualquier cosa que ya tendrás tiempo de vestirte en condiciones.

Bajamos al buffet y mi cabreo se fue con la fuerza de voluntad. Creo que arrasé con un surtido de desayunos de varios paises, me puse que no me podía mover, comí bacon frito para parar un tren, bollos con chocolate como para tirarme una semana a apio y bebí tanto zumo de naranja que terminaría echando fuego por la boca con la acidez de estómago que me iba a dar. Pero me había levantado a las 9, un sábado... eso tenía que ser recompensado.

Subimos a la habitación y me metí en la ducha, cayendo en la cuenta que no había mirado el móvil desde ayer por la tarde noche. Me acordé de las fotos que mandé al señor X cuando salí de la bañera y me puse la toalla antes de abrir el grifo, salí y cogí mi teléfono. Volví al baño donde me puse a mirar el móvil mientras esperaba que el agua caliente saliera.

Tenía notificaciones de la APP, lo cual me extrañó ya que el señor X me dijo que trabajaría el fin de semana y que no podría hablar, al menos eso entendí yo. Sin embargo tenía varios mensajes suyos, uno de ellos dándome los buenos días con una foto en la que se veía un poco de su barba y la corbata. "Ay... la corbata...la de cosas que me ha dicho que me haría con ella". Sonreí como una imbécil antes de echarme una foto en toalla y pasarsela con un "Buenos días, creía que hoy no iba a saber de ti. Te vienes a la ducha?". Su respuesta no se hizo esperar "Nada me apetece más, pero tengo trabajo que hacer y ojalá fuera trabajarte a ti". No le dije nada, sólo puse un emoticono haciendo pucheros y dejé el móvil para meterme en la ducha.

Tardé lo menos una hora en decidir que me iba a poner, por que queria ir guapa y elegante sin parecer un putón o una monja de clausura. Así que al final, tras varias discusiones con la frase "vamos ya, que estás bien con cualquier cosa", probar varios vestidos, elegí uno de día, informal pero elegante. La parte de arriba era color crema, con un escote palabra de honor y con un pequeño forro de encaje que iba hasta el cuello, donde terminaba con una cinta alrededor de el. La parte de abajo del vestido, era un cinturón plateado del que caía una falda por la rodilla en color azul marino y que tenía una abertura en la parte de atrás. Además escogí unos de los cinco pares de zapatos que me traje. Unos en color quema, con tacón de aguja de 5 cm, pequeños diamantes oscuros en tiras que iban hasta el tobillo, y abrochándose como una pulsera.

Me hice un recogido bajo, dejando varios mechones de mi pelo sueltos. Pendientes de oro blanco pequeños y discretos y a pesar de la insistencia de mi novio de que no lo hiciera, me dejé las gafas puestas.

  • Es que si voy sin gafas, no llego viva con estos zapatos.
  • Es que vas... rara. Tan arreglada y con las gafas. Traes equipaje para un año y se te olvidan las lentillas.
  • Pues esto es lo que hay.
  • Da igual, estás guapa de todas formas.
Y eso me hizo sonreir... aunque me acordé de las malditas lentillas y de por que se me olvidaron. Estaba demasiado entretenida haciendo las maletas con el móvil en la mano que algo se tiene que olvidar.

  • -Venga vamos.
  • -No, espera. Me tengo que maquillar.
  • -Dios santo, ¿Pero ves por que te desperté a las 9?
  • -Venga hombre que no tardo.


Y no tardé. Sólo me eché la base, barra de labios roja con brillo y un poco de rimmel. ¿Por qué los hombres se aterran tanto cuando oyen "voy a maquillarme"? Y otra cosa, ¿Por que siempre se visten tan rápido y tan bien aunque no se tiren una hora eligiendo?. En fin, cualquiera entiende esto. El caso es que eran las 12: 15 cuando salimos del hotel, directos al restaurante donde teníamos la dichosa comida con los clientes de mi novio para tratar no sé qué rollos de un proyecto en esa ciudad.

Llegamos pronto, ellos aún no habían llegado, y nos acompañaron hasta la terraza del restaurante para esperar mientras nos ponían unos aperitivos y preparaban nuestra mesa. Seríamos 4. Yo y mi novio, y dos socios. Hacía un día de sol fantástico y lo podía ver desde las alturas practicamente toda la zona. Vi cosas buenas y cosas... no tan buenas. Pero hice caso omiso y me centrñe en mi novio que me avisaba que tenían la mesa lista y que los clientes estaban llegando, según el camarero estaban subiendo.

Yo estaba de espaldas a la entrada, cuando vi a mi chico levantarse y avisarme con los ojos que hiciera lo mismo. Tendió su mano y cuando miré quise morirme en el momento. ¿Ese momento que dicen que quieres que la tierra te trague? ¡Era este!.

  • Esta es mi novia. - Oía de fondo yo mientras estaba estática frente al tío con el que llevaba hablando una puta semana.
  • Vaya, encantado. - Me cogió la mano. LA PUTA MANO.
  • Igualmente. - No había suelo para mirar. Saludé al que iba con él y me senté al lado de mi novio.

En ese momento estaba como una cría que está pegada a su padre muerta de verguenza. Esa mano, ¡esa mano! Dios, es que esa mano me había hecho imaginar muchas cosas, y ninguna iba a ser posible. No podía hablar, sencillamente estaba muda. Lo único de lo que era capaz es de mirar a mis manos y juguetear con los dedos intentando no molestar ni hacer el ridículo o sentirme más nerviosa.

El camamero me sacó de mi tortura un segundo cuando apareció diciendo que si queríamos pasar a la zona donde nos esperaba nuestra mesa o queríamos seguir en la sala de espera. Dijeron que si y fuimos hasta la mesa que nos habían preparado. Para cuatro, dos enfrente de otros dos. Y enfrente de mi me tocó... él. Por que el destino es así de cabrón.
No sé que me pasó, pero los nervios me tenían al borde de la histeria. No me atrevía a mirarle ni un segundo, ni de reojo, por que cuando lo hacía por inercia le veía sonreir con picardía, como disfrutando del momento. Juraría que estaba ¿Cómodo? Hijo de puta... así que este era su trabajo. Dios, estaba mas atractivo en persona que en las fotos y... di un salto sobre la silla alertando a todos.

-¿Qué te pasa? - Preguntó mi chico extrañado.
-Me ha dado un dolor... - dije sin pensar. - Voy un momento al baño.

El camarero allí con comanda en mano.

-¿Quiere beber algo, señora?
-VINO. - Casi se lo grité. - blanco, por favor.

Y salí al baño con mi bolso mirando al suelo y con esperanza de no comerme el escalón. Entré al vestíbulo del baño, me metí en otra puerta que daba a la de señoras y saqué mi móvil del bolso. Busqué Lucía en la agenda.

-¿Sí?
-Te odio, hasta el infinito y más allá.
-¿Qué pasa? ¿No estabas de viaje?
-Sí, si que lo estoy... CON EL SEÑOR X. - mi amiga balbuceaba y sólo me decía que que coño hablaba. - El cliente de Sam es el señor X, y le tengo enfrente de mi sentado y me ha tocado la pierna debajo de la mesa.
-No jodas. Que emocionante.
  • ¿Tu eres gilipollas? Que tengo a Sam al lado idiota. Y este tío no para de reírse en mi cara y yo, yo me quiero morir.
Hice un mohín como si Lucía me viera y me vi en el espejo yo. Que gilipollas estoy actuando como una quinceañera.
Bueno, tenía que relajarme, pensar con claridad. El tío había actuado con normalidad, al menos hasta que decidió meter su mano bajo mi falda y darme un susto. Me repasé el recogido, el maquillaje y con la cabeza alta, pero mirando al suelo, salí.

Y le ví ahí... en el vestíbulo del baño. Esto no podía ser bueno. Me iba a dar un algo de verle y la puta corbata de satanás estaba ahí, con él, en su cuello. Claro, donde va a estar una corbata... es que ya no se ni que estoy diciendo. Nos miramos unos segundos a los ojos y me fui hacía la puerta como si nada, igual con suerte se creía que se había confundido. Pero no. No era tonto. Así que sacó su móvil y al instante sonó el mío. El cual ignoré con la mano en el pomo de la puerta de espalda a él. Volvió a tocar su móvil, y volvió a sonar el mio.

  • -Estás muy guapa, aunque me apetecía más verte sólo con la toalla. - Oh dios mio. Sentía como un hormigueo en el estómago y una sensación de presión entre mis piernas.
  • -Así que este era tu trabajo. - Logré decir nerviosa.
  • -Así que esta era la reunión de tu novio... - no por favor, que eso no sean pasos. Pensé.


Lo eran. Noté su mano en mi cintura y como subía despacio hasta mi hombro para darme la vuelta.

-Estás mejor en persona y las gafas... ya sabes lo que me gustan.

Yo guardaba silencio, que iba a decirle ¿Estoy cachonda? Por dios, tenía mi novio ahí fuera y nos podía ver alguien.

Apoyó las manos en la puerta y me encerró bajo su cuerpo. Socorro. Me miraba de arriba abajo, se mordía el labio, se pasaba la lengua por ellos y le notaba agitado... y excitado. El bulto de su pantalón no podía ignorarse. Intenté no mirar, pero no podía, es que me venían a la mente nuestras conversaciones una y otra vez y todas eran guarras, maldita sea, ¿por qué era tan zorra? Iba a matar a Lucía, eso seguro.

  • Inocente dulzura... - No, no sigas por ahí señor X. - Dulzura mucha pero inocencia así vestida... me incitas más bien poca.
  • Ten... tengo que salir. - Me eché hacía adelante pensando que se quitaría, pero me di de lleno en su pecho, manchando su corbata de pintalabios. - Mierda.

Me cogió por la mandibula, y acercó su boca a la mía. Al contrario de enfadarse le suscitó gracia... a día de hoy me pregunto el por qué.

  • -Quién iba a imaginar que nos veríamos al final. - Me apoyó contra la puerta. - Y tu decías que nunca sería posible.
  • -Déjame salir por favor. - Supliqué ante el calor que empezaba a salir de entre mis piernas. - Tenemos que volver a la mesa.


Metió su mano por debajo de mi vestido, subiendo lentamente mientras su otra mano seguía en mi mandibula, casi la bajó hasta mi cuello. Tenía la boca entreabierta, mirándole, me ardía la cara y temblaba bajo sus manos, sintiendo el peso de su cuerpo sobre el mío. Iba a morirme allí mismo. Era la escena más erótica que había tenido en mucho tiempo. Morbosa. Prohibída. Imposible.

  • -¿Sabes la de cosas que podríamos cumplir ahora mismo? - Y su mano acarició mi sexo por encima de las bragas. - Podría por fin follarte hasta hartarme.
  • -Para... - supliqué en sus labios, apretando mis muslos con su mano entre ellos. - Por favor, esto no...
  • -¿No está bien? - completó él a lo que tantas veces le había respondido. Metió un dedo en mi interior, apartando a un lado la braguita. Gemí. Dios... - Está bien. Pararé, pero aún nos queda todo el día y mañana. Estate atenta a tu móvil.



Maldito proyecto y maldito mi novio por insistir en pasar el fin de semana con ellos.

Salí torpemente del baño, sintiendo mi cara arder y andando nerviosa. Llegué y me senté al lado de mi novio y cogí la copa de vino, le di un buen trago y sentí varios ojos mirándome.


  • -Estoy sofocada de los tacones. - Se me ocurrió esa gilipollez sin sentido mientras sonreía.

jueves, 30 de marzo de 2017

Inocente Dulzura (1 Parte)

Inocente dulzura (1 Parte)



- Que no quiero, y ya está. - Dije mientras volvía la vista al móvil. - No me apatece chuparme dos horas de carretera por un fin de semana en el que tengo que poner cara de gilipollas sonriente.
- Venga, exagera más. - Levantó los brazos llevándoselos a la cabeza. - Has venido otras veces, conociendo el sitio, ¿Por qué ahora no?
- Pues por que son dos horas de coche, y me marea. - me levanté del sofá y me fui a por un té. - Me marea mucho y más con esta calor.¿Qué quieres? ¿Que acabemos este bonito y precioso fin de semana lleno de encanto en urgencias?

Vale que esto último rebosaba sarcasmo e ironía, pero es que la idea de acompañar a mi novio al culo del mundo por un fin de semana de trabajo, sí, TRABAJO, no me molaba nada. Iba a estar dando vueltas de un sitio a otro como un tonto sin guitarra y fingiendo tantas sonrisas que iba a parecer el Lunes que habría dormido con una percha en la boca. Me niego. Estoy reventada de toda la semana, lo único que me apatece es quedarme el finde en el sofá, con litros de té con limón y mi fiel compañero. El móvil. Me había enganchado últimamente a una App donde conoces gente, haces el gamberro y ahí queda todo bajo un "sí sí, me conecto mañana" y mañana no llega por que te cambias el nick. Quería mi fin de semana de móvil y tonterias, LO MERECÍA.

Me puse a hacer de comer, viendo que la cara de mi novio era un poema cada vez que le miraba. Intentaba hacerme chantaje emocional el muy cabrón y hacerme sentir mal hasta que dijera que sí. Pero es que yo quería decir que no. ¿Me entendéis? Que no quería ir a ningún lado. Su trabajo es tan divertido como que te disparen pelotas de goma en el culo. Haceros a la idea.

- ¿Por qué no quieres ir? - Dios bendito, me daba la comida, enserio. - Siempre dices que no te llevo a ningún sitio.
- Por que no me llevas, por eso lo digo. - Puse cara de maceta mustia, lo juro. - Llevarme de acompañante a presentarme a tus clientes no es llevarme por ahí. Es como si llevaras una secretaria.
- ¿Pero que gilipolleces estás diciendo?
- Buff.... - Bufé negra ya, este tío, mira que le quiero, pero me chupaba la energía. - Vale, iré. Pero como se te ocurra tenerme después de las reuniones encerrada en el hotel viendo como te rodeas de papeles te vienes tu solo de vuelta a casa.
- Es trabajo, tendré que tener papeles. - Dijo aguantando la risa.
- Te la estás jugando, cariño, y puedes perder. - Le apunté con el dedo sabiendo que ese gesto le ponía de los nervios y sí, acerté.


Era Jueves, quedaba poco para irnos al maldito viaje. Así que tenía poco tiempo para preparar las cosas y dejarme la casa medio decente por si, como decía mi madre y abuela, "pasa algo". Que por otro lado no lo entiendo, por que pon tu que nos estrellamos en la carretera, ¿Qué mas dará como esté mi casa?, lo importante es la carretera donde yo esté y el hospital al que me lleven, ¿no?. Bueno que me voy del tema. Que tenía mucho que hacer.
Sin embargo... el móvil, ese maldito artilugio de satanás me tenía enganchada hablando con un guaperas que según decía me llevaba 10 años. No me miréis así... es internet, yo también puedo decir que soy astrofísica y la realidad es que soy administrativa contable. Bueno quien dice contable dice que cuenta... papeles. Internet es un nido donde cualquiera puede ser quien le gustaría, así que para alejarme de la rutina diaria de mi vida real probé el consejo de mi amiga Lucía "Registrate con un nick atrayente y verás cuantas ventanas se abren" en el momento me quedé un poco loca, pero haciendo caso de su consejo terminé enganchada al móvil todo el puto día. Y por esa razón no quería ni irme de viaje ese fin de semana. "Es internet, es virtual, no son cuernos. Deja de ser tan mojigata que sólo te falta el habito". Claro, para ella era fácil, las bragas se le bajaban solas por la calle así que imaginad. Pero el caso es que... sí, acepté su consejo y la verdad estaba contenta y satisfecha, me lo pasaba muy bien y me encontraba cada uno que... incluso se lo contaba a mi novio. No todo claro. Como voy a contarle que tuve una relación amorosa de dos días con un tío de nick "Príncipe nabo", no lo iba a entender, así que cosas como esas las dejé para anécdotas futuras. Pero no todo era así de surrealista, no. Había tíos que si eran así de verdad yo quería tener un bolsillo como el de Doraemon, sacar una puerta, e ir casa por casa a hincar el diente. Sobretodo el que hablaba conmigo hacía una semana "Teniente6969" con es nick quise cerrar la ventana nada más la vi parpadear, pero bueno, dado a mi fetichismo por los militares dejé mi curiosidad seguir adelante. El teniente que me sacaba 10 años era un cerdo. Pero un cerdo, esto igual me deja en mal lugar, un cerdo encantador. La lengua sucia que tenía no hacía sino aumentar mi curiosidad y obsesión por hablar con él un día, y otro y otro más. Me decía cada cosa... oh dios mio, que labia, que tontorrona me ponía, y me salía la sonrisilla esta típica de gilipollas que se pone mientras miras el móvil hasta el punto que mi novio me decía que si estaba bien. Aclaro que no, no era teniente, igual que yo de inocencia tenía poca.

Divinamente, decía yo. Además que sí. Me lo pasaba en grande con él y habíamos tenido mucho feeling en cuanto empezamos a hablar. Pero ya está, ahí quedó todo. Teniamos nuestras conversaciones subidas de tono como el que más, fantaseábamos, yo como "Inocente Dulzura" y él como el "Teniente6969". No hablabamos de la vida personal ni privada, sólo sabíamos lo básico, estabamos con pareja, la edad y punto. Tampoco voy a contarle a un desconocido mi día a día, no estoy tan loca... aún.

Estoy terminando de limpiar hasta los azulejos del baño para dejarlo todo como mi señora madre me ha inculcado cuando mi móvil sonó. Otro mensajito del Teniente. Sólo le había hablado de él a mi amiga, y según ella llamarlo teniente era muy friki, era mejor llamarlo señor X. Lucia me flipa cada día más. El señor X decía que me echaba de menos y que hoy había estado muy callada, que donde estaba esa boca que le gustaria morder.
Claro, a estas alturas eso es una tonteria pero una tiene una edad en la que si le dicen estas cosas de quinceañera pues se pone imbécil. Por cierto, mi edad es 28, así que el teniente rozaba el papel de madurito que me ponía como una moto y tenía... barba. ¿Quién puede decir que no a eso? Nadie. Los hombres de verdad llevan barba y si Lucía me lo dice, es que es verdad. Por que ella carrera no tendrá, pero tiene un Máster de Fornicación de la Real Academia de tíos buenos. Así que si Lucia dice que los hombres vuelan, ¿quién soy yo para decir lo contrario?

Inocente_Dulzura: Estoy haciendo las maletas
Teniente6969: ¿Vas a venir a verme?
ID: Eso te gustaría a ti
T: No te lo negaré. ¿Pero me vas a decir a donde vas?
ID: Acompaño a mi novio a un viaje de negocios este fin de semana.
T: Que bien, estarás entusiasmada.
ID: Oh si... extasiada.
T: Y donde es
ID: A ti te lo voy a decir para que vayas a verme. ¡ja!

El resto de la conversación os lo ahorraré, por que total, guarradas ya hemos leído todos muchas veces y esto no es una novela erótica para mamis aburridas ni una película porno. Me puse a hacer las maletas, por que todos sabemos que cuando una mujer sale de viaje tiene que llevar muchas cosas, "por si acaso hace frío" "por si acaso hace calor" "por si acaso esto no me pega" "por si acaso se me arruga" "por si acaso...." vamos que terminas preparando equipaje para quedarte a vivir allí en lugar de para un fin de semana. La cara de mi novio al ver tanta cosa fue una mezcla entre terror y pena. Yo no sabía si reirme o decirle que era una broma.

  • ¿Pero ésto qué es? - dijo mientras se quedó mirando la fila de maletas y bolsos en la entrada del piso.
  • El equipaje. - dije tan tranquila mientras pasé por delante de él a dejar la cena en la mesa.
  • Menos mal que me has hecho el mio por que estoy reventado. - Se sentó en la mesa y se desabrochó los botones de la camisa.
  • Eh... no. - Respondí nerviosa.
  • ¿No qué?
  • Que no te he hecho el equipaje. Ese es el mio.
  • ¿Pero cuanto te crees que es un fin de semana? Si no hay coche para tanta maleta.
  • Es que no sé que llevarme por si acaso cambia el tiempo. Además tendré que vestirme presentable.
  • Si, pero no hace falta que te lleves todo el jodido armario, mujer. - Se levantó y fue a abrir el equipaje. - ¿Para que quieres 5 pares de zapatos? ¿Es que eres un pulpo?
  • Imbécil, van a juego con la ropa que llevo.
  • Pues a ver, un fin de semana, sábado, domingo... son dos días, dos indumentarias y dos pares de zapatos. Que no se por qué tienes que ser tan rara con eso. Ponte los mismos.
  • Todos no pegan con la misma ropa.
  • Mira, estos. - Sacó los negros de aguja anudados al tobillo con un lacito detrás. - el negro pega con todo.
  • Si me tiro dos dias con esos zapatos me tendrán que amputar los pies.
  • ¿Y para que te los compras?
  • Para ponérmelos.
  • Y estos – Me sacó las sandalias de cuña burdeus con el broche color crema. - Parecen más cómodos.
  • Pero son muy informales y el color no pega con todas las prendas.
  • Mira, llevate lo que te de la gana pero mi maleta la hago yo. Si lo sé no me esfuerzo para que vengas, es como llevarse una tienda de viaje.
  • ¡Tu querías que fuera! Ahora no te quejes si quiero estar guapa.

Salió del salón cuando cenamos y se fue a nuestra habitación a preparar su equipaje. Está claro que los hombres son más practicos que nosotras. Se llevó lo justo para dos días, el no pensaba que fuera a haber un huracán ni una ola de calor, no no. Él lo justo. ¿Que hacía frío? Pues muy bien. ¿que hacía calor? Estupendo. A veces no sé como no terminabamos extrangulándonos el uno al otro por lo diferentes que éramos en algunos aspectos.

Poco faltaba para lo que iba a ser un fin de semana que no me creía ni yo. Me acosté tarde, cansada y me tuve que beber dos valerianas por que no había dios ni su madre que me hiciese dormir. Y es que odio viajar, aunque sea al pueblo de al lado, imaginad dos horas de coche. Me muero. Que alguien me mate por favor. Me desperté todo el rato por la noche, arrimándome muy mimosa a mi novio a ver si la cosa se templaba y podía relajarme para dormir. Pero nada, el tío dormía como un tronco y no había forma de despertarlo. Así que me propuse relajarme sola.

Me puse boca arriba, bajé mi mano hasta mis bragas, agradeciendo que no me había puesto pantalones, y cerré los ojos dejándome llevar. Metí mi otra mano debajo de mi camiseta y me pellizcaba el pezón, mordiéndo mi labio inferior, acelerando el ritmo, deseosa de sentir como me corría y me quedaba exhausta. Creo que desperté a mi novio con el movimiento mio bajo las sábanas, y recalco creo, por que no se si estaba despierto o dormido, ya que directamente se puso sobre mi, me agarró las muñecas a la altura de la cabeza con una mano y me penetró directamente hasta el fondo de un empujón haciéndome gemir.
No decía nada, sólo notaba lo duro que estaba mientras entraba y salía de mi interior con fuerza, sintiendo su respiración acelerada contra mi boca. Me mordió los labios y mi orgasmo lo incitó a correrse él también. Salió de entre mis piernas y siguió durmiendo, yo me quedé en la gloria bendita y me quedé frita al poco.

Levantarse a las 7 nunca es de buen gusto y menos aún si sabes que las próximas horas serán metidas en un coche. No podía desayunar, no podía con mi cuerpo y terminé entrando con cara de asco en el vehículo y con un bolsito lleno de bolleria envasada. Igual el chocolate me quitaba la mala ostia que tenía encima. Pero que va. Me dormí por suerte. Me despertó el sonido del móvil y vi en la pantalla como el señor X me daba los buenos días. Respondí, haciendo que mi humor se suavizara. Me vino bien aquello como distracción, por que estaba a nada de tirarme por la ventanilla. ¿He dicho ya que odio viajar?.

Me estaba comiendo un bollo relleno de chocolate cuando uno de sus mensajes casi hizo que me atragantara. "Si yo fuera conduciendo a tu lado estaría una mano al volante y la otra en tus bragas". Si claro, eso queda muy bien sobre el papel, mas bien sobre el móvil, por que luego en la vida real piensas en el multazo que te llevarías y se le baja todo. Y cuando digo todo, es TODO.
Pero bueno, el hombre ponía empeño ¿tenía yo algo mejor que hacer? Pues no. Así que le seguí el rollo y me puse a fantasear con él sobre como montarselo en el coche. Algo que nunca había hecho, todo sea dicho.

T: Te echaré de menos el fin de semana dulzura.
ID: Que esté de viaje tampoco significa que deje el móvil.
T: Es que yo también trabajo, asi que...
ID:Nunca me has dicho de que trabajas.
T: Bueno, fuiste tu la que no querías que se sacasen más "detalles de la cuenta"
ID: ¿Y no me lo vas a decir?
T: ¿Y que recibo a cambio?
ID: ¿Qué quieres?
T: Pues espera que piense... Follarte.
ID: Claro, eso está hecho. ¿Algo mas fácil de cumplir?
T: Una foto de ti ahora mismo con la mano en las bragas.
ID: Estás loco, tengo a mi novio al lado.
T: Por eso.

La loca era yo. Porque mi instinto infantil y mi "a que si que puedo" me hizo revolverme y ponerme de tal manera en el asiento que con una mano sujetaba el móvil y la otra me metía dos dedos por la cinturilla de las bragas, insinuando que me iba a "tocar". Mi novio se giró mirándome y su cara preguntaba por si sola.

"No preguntes" le dije y se centró en la carretera. La tonteria me estaba poniendo cachonda como una perra, no entiendo exactamente por que, pero me estaba acordando de la mala influencia de Lucia. Maldita hija de su madre.

-¿Que coño te pasa? - Preguntó mi chico.
-Nada, los viajes que me dan mucho asco.
-Pues tienes cara de precisamente lo contrario.
-Bah, conduce a ver si llegamos de ua maldita vez a ese hotel.

Durante todo el camino iba pendiente del móvil, por que después de mandarle la foto no me habló, y me quedé como una tonta esperando... tanto que cuando llegué al hotel salí disparada a un enchufe para ponerlo a cargar, pero en el baño, donde aproveché y me metí en la bañera hasta arriba y me quedé en remojo un buen rato. No pude evitar mirar el móvil a riesgo de morir electrocutada o partiendome la crisma contra el marmol de la bañera, y puse la cámara frontal y me hice varias fotos jugando con la espuma tapando mi cuerpo, o al menos las zonas más "interesantes" de este. Me fui a la App y le pase las fotos al señor X. Su respuesta no tardo en llegar.

Cosas como "¿quieres que te aclare yo? ¿Estás tan mojada por dentro como por fuera? O ¿quieres que te seque a lametazos" me daba una mezcla entre risa y ganas de que eso pasara. ¿Estoy loca? Posiblemente. Y cuando volviera el Lunes a casa iba a soltarle un discurso a Lucía de la ostia, por que ella me advirtió de gente desequilibrada, pero es que esto era un hombre que me empezaba a hacer pasar buenos ratos y hacerme pensar cosas que moralmente no están bien vistas. Por lo pronto terminé tocándome en la bañera siguiendo las "ordenes" del señor X y le pasé varias fotos más en toalla dejando casi un pecho al descubierto.
Ah, y no me dijo en que trabajaba. Lo cual me empezaba a mosquear...¿Y si era algo que iba en contra de la ley?

Esa noche no salimos el hotel mi chico y yo, fuimos a cenar a la planta de abajo al restaurante del mismo y cuando acabamos subimos a la habitación. Estabamos agotados.
Aunque no tanto como para dejar pasar esa noche por alto. Cuando estaba encendiendo la luz llevé mi mano a su paquete, tiré de su cinturón hacía a mi y le besé, invadiendo su boca salvajemente, cogiendo su mano y poniéndola sobre uno de mis pechos, sabiendo que eso le encantaba, que pareciera que yo llevaba el control. Poco pasó hasta que la verdad salió a la luz y como siempre, tomó el mando. Me agarró del pelo y me estampó contra la pared, poniendo mi cara sobre esta, ¡ay las gafas! y haciendome sentir el frío. Agarró mis manos, las llevó hacia atrás y las ató con el cinturón que se había quitado. Me dejó inmovil en cuestión de segundos. Seguía tirando de mi pelo hacía él y notaba como los pezones duros se rozaban con la pared ignorando la tela del vestido.

Escuché la cremallera de su pantalón bajarse, sentí como subía mi vestido con rapidez y desesperación hasta enrollarlo en mi cintura y rozó su miembro en mi culo, pasandolo por entre medias de los cachetes. Yo me insinuaba, inclinándome y moviéndome un poco incitándole a que me la metiera, pero no lo hizo. En su lugar me abrió las piernas, se puso de rodillas y agarrando mis muslos lamió mi sexo de abajo arriba haciéndome temblar en su boca. Quería agarrarle del pelo y hundir su cabeza ahí, que me comiera entera, pero no podía. Estaba atada.
Pequeños espasmos me recorrian todo el cuerpo, más aún cuando sus dedos entraban y salían de mi, mientras su lengua recorría un camino de placer que me hacía gemir contra la pared. A estas alturas, las gafas me daban tan igual que moví la cabeza un poco hasta tirarlas al suelo. Le escuché reirse y sentí su aliento chocando en mi sexo. Siguío un rato de tortura placentera hasta que notó que iba a correrme y se detuvo.

Se puso de pie, enrrolló mi pelo en su mano, y aprovechó para presionar mi nuca hasta dejarme comiéndome la pared. Sentí como me levantaba un poco una pierna con la otra mano y se colocó en mi entrada, empujando despacio hasta mi interior. Sentía el baile de su miembro entrar y salir, rozarme con la punta y volver a meterla de un empujón, cada vez más fuerte, mas salvaje, más animal... "¿Esto es lo que querías para el fin de semana?¿diversión? Si querías que te follara podrías haberlo dicho en lugar de negarte a venir". "Más" logré decir mientras ejercía presión sobre su erección para sentirla más hasta el fondo.
Notaba sus dedos clavarse en mi cintura, mi carne tendría sus huellas dactilares mañana, me apretaba tanto y era tan bruto que sólo conseguía encenderme cada vez más hasta que no pude soportarlo más, y me corrí con él dentro de mi. Gimiendo contra la pared y dejando mi marca humeda en ella. Siguió un poco más hasta que sentí ese pequeño placer de notarlo correrse en mi interior, tan cálido, tan apetecible, tan relajante... Cuando salió noté como su semen caía por el interior de mis muslos aun caliente, su respiración agitada y una sensación de gozo que me llenaba.