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Un ciberamigo, un ciberorgasmo y una posible realidad. PARTE 1

Un ciber amigo, un ciberorgasmo y una posible realidad. Parte 1 Tiendo a pasar parte de mi día a día en internet por cuestione...

viernes, 25 de agosto de 2017

Un trabajo prometedor

Un trabajo prometedor


El tic tac del reloj me está poniendo de los nervios. Nuevamente miro hacía abajo y aliso la falsa mientras espero, con impaciencia, a que me hagan pasar. La recepcionista no deja de mirarme de arriba a bajo esperando encontrar algo oculto. Ignoro su vista clavada en mi para mirar a la puerta, de la puerta a mi móvil y de este a la puerta.

20 minutos han pasado desde que me dijo un "espere aquí". Desde que recibí la llamada de teléfono hace una semana avisándome de un empleo como secretaria, no he parado de buscarle los tres pies al gato. ¿Qué clase de trabajo de este tipo no te hace una entrevista antes? Ninguno. A menos que seas una enchufada, y no es mi caso.
Al principio me resistí a venir, pero necesitaba el empleo y todas las bocas conocidas que lo sabían no paraban de decirme que no dejase escapar esta oportunidad. Y aquí estoy. Vestida como una señorita formal con un traje al más puro estilo secretaria regia y recta. Incluso llevaba el moño. Aunque el mío era menos clásico. Las gafas me venían que ni pintadas, y no eran por estética. Me negaba a ponerme lentillas y sin ellas acabaría espatarrada en el suelo.

Falda negra por la rodilla con una raja en la parte de atrás y una blusa blanca con un cuello de encaje que deja al descubierto algo de escote sencillo y elegante. La peor parte se la lleva mis pies, por que con estos tacones negros de 10 centímetros terminarán por amputarmelos esta noche.

Al fin se abre la puerta, y una chica joven sale mientras alguien le sostiene la puerta. Escucho un "Ya te llamaremos" que me hace echarme a temblar. Así que si habrá entrevista ¿no? Genial por que no había preparado nada. Ya decía yo que esto era demasiado espontáneo.

Sólo alcanzo a ver una mano trajeada cerrando la puerta. "Me pongo de pie... me vuelvo a sentar..., como la canción". Pensé gastando bromas ante la espera. La poca seriedad me estaba poniendo de los nervios.
Al cabo de otros 10 minutos eternos la recepcionista me pide que pase, que me están esperando.


Abro la puerta y fijo mi vista al frente para encontrarme de lleno con la persona que menos esperaba encontrar.
"Esto debe ser una broma". Es lo único que se me pasa por la cabeza ante los nervios que me estan deborando por dentro. Dudo unos instantes si pasar o darme la vuelta y echar a correr, por que desde ya se que no hay nada bueno en esto y menos aún en esta "oferta" de trabajo.

"Cierra". Escuché. Inmediatamente cerré la puerta y me quede de espaldas a ella esperando aún que me dijera que me sentara.
Clavó sus ojos en mi y decidí sentarme antes de ponerme a temblar.

  • ¿Qué estás haciendo? - Puse las manos en la mesa alterada. - ¿Te estás quedando conmigo?
  • Para eso pedí que te llamaran, sí. - La satisfaccción por mi desconcierto destacaba en su cara. - Necesitabas trabajo, pues aquí lo tienes.
  • No voy a trabajar contigo. - Lo último que necesito es trabajar con alguien que conocí en internet y con el que quedé un par de veces para algo que no quiero pensar ahora.
  • Necesitas el trabajo, ¿recuerdas? Estabas desesperada y yo ya he despedido a mi secretaria.
  • No te pedí trabajo.
  • No. - Se agarró el nudo de la corbata y lo aflojó mirándome. - ¿Hacemos memoria de lo que me pedías la última vez que nos vimos.
  • Me voy.

Me levanté muy tensa, muy cabreada y muy de todo y me fui para la puerta. Justo antes de abrirla su mano la aseguró.

  • Aquí tienes tu contrato y aquí tienes la información de la primera reunión que tienes. Te quiero a mi lado en todo momento, necesitas enterarte de como se trabaja aquí. - Daba por hecho que iba a aceptar pese haberle dicho que no.

Miré el contrato y entendí por que estaba tan seguro. Necesitaba ese dinero. Pero que hijo de puta aprovechado.

  • Quiero unas normas. - dije mientras me daba la vuelta y le veía más pegado a mi de lo normal. - nada de sexo.
  • ¿Quieres que lo anotemos en las clausulas del contrato también? ¿Junto a las pagas extra te parece bien?
  • No tiene gracia. - Intenté sonar lo mas seria que pude. - Absolutamente nada de sexo.
  • Vale. No te follaré.
  • Que fino eres.

Se volvió a su mesa y los ojos se me iban a caer al suelo mientras andaba. Lo estaba haciendo aposta, estaba segura. Sabía que esto me iba a salir mal y que no era buena idea. ¿Desde cuando conocer a alguien por internet me había salido bien?

Firmé el contrato y se lo tendí.

  • ¿Y ahora qué?
  • Ahora ve a tu sitio y leete esa carpeta que te he dado con los datos de la reunión que hay dentro de una hora.
  • ¿¿¿¿Dentro de una hora????
  • Sí. Ya puedes estudiar. - Me pasó el pulgar por la boca, haciendo que me estremeciera con el contacto, recordando como la última vez que me lo hizo le tenía entrando y saliendo de mi.

Aparté esos recuerdos y me fui a pocos metros de él, me senté en la mesa y abrí la carpeta. No me enteraba de nada. Publicidad, anuncios... todo me sonaba a chino. Yo había estudiado administración no marketing.
Esto no iba a ir bien, me estaba dando sueño incluso. Debió darse cuenta para dejarme un vaso de plásico en la mesa con chocolate. ¿Cuándo se había movido?. Que detalle, se acordaba de lo que me gustaba.

Cogió la silla y se puso a mi lado. "ay, dios mio" pensé mientras bebía del vaso.

  • ¿Qué es lo que pasa? - Me preguntó intrigado.
  • No me entero de nada, quizás si me hubieras entrevistado verías que no tengo ni puta idea para este trabajo.
  • No creo que haya nada que entender, simplemente es para que sepas de que va todo, y si te preguntan, que no lo deberían hacer, sepas que debes contestar.
  • -No sé que contestar.
  • Está todo ahí. - Señaló con el dedo una de las hojas. - Piensa en que es lo mejor para la empresa, que repercute también en ti, y sabrás que debes responder. Para lo demás basta con que hagas todo lo que yo te ordene.

Juraría que había cierta mofa en esa última frase, pero lo dejé pasar para no terminar engarzados en una conversación con dobles sentidos sexuales que terminarían muy mal.


Poco después de una hora íbamos a una habitación enorme con una mesa larguísima y con sillas por todos lados. Empecé a hiperventilar pensando en cuanta gente se pondría ahí, y notando mi miedo me puso la mano en el hombro y me susurró "tranquila, no se van a llenar todas" sonriendo.


Puedo afirmar que estaba disfrutando con mi inexperiencia en este campo casi como en otras ocasiones en otros.
Sacó una silla que había pegada a la mesa y me senté, viendo como lo que temía se hacía realidad. Se sentaba a mi lado. Quizás parezca una tontería, pero tener a tu lado a un tío que te pone cardíaca y que está tan trajeado como la última vez que te utilizó para follar con la misma corbata pues me ponía tensa. Intentaba no mirarlo, juro que lo intenté, pero hacía lo imposible por que mis ojos se desviaran y acabaran mirándolo.

Alguien llamó a la puerta. Un hombre de mediana edad pasó, nos pusimos de pie y le tendió la mano. Hizo lo mismo conmigo y me presentó. Sonreí. Más al oír "le presento a mi secretaria..." que por el hecho de ser educada y amable. Nos sentamos uno al lado del otro y en frente el cliente. Estaban hablando sin enterarme yo de nada cuando noté su mano posarse en mi pierna.

Me sobresalté, tragué saliva y miré al frente esperando que no se le ocurriera hacer ninguna tontería. Ilusa de mi. Se le "cayó" un boli y cuando se agacho debajo de la mesa a cogerlo me rozó con la boca la pierna, subiendo un pelín por mi muslo, rozándome con su cara. Un escalofrío me recorrió la espalda entera, e hice grandes esfuerzos por no soltar ni una burrada ni un suspiro allí mismo. Mi autocontrol fue digno de admiración.

El cliente por suerte estaba metido de lleno en lo que le interesaba, y no era yo ni me excitación.¿He dicho excitación? Se dedicó toda la reunión a calentarme y provocarme, disfrutando de ello. No sabría decir que parte fue la que peor me puso, aunque yo diría que cuando estaba hablando con él de mi y decidió meter su mano entre mis piernas como si estuviera dándome una palmada inocente, se llevó el premio.

Sacó un papel de su carpeta y me lo tendió sonriendo. Quise desmayarme cuando leí "Ve al baño y quitate las bragas, quiero tener acceso a ti, aquí...". Lo miré, negando con la cabeza, pero lo único que podía mirar era como se relamía los labios. Iba a plantearme renunciar al trabajo. Logicamente no hice caso de su petición, pero estuvo acariciando mi pierna toda la reunión o recogiendo cosas que caían "accidentalmente" al suelo.

Cuando terminamos y ese señor se fue fuimos al despacho, me fui hasta mi mesa, dejé las carpetas que me había encasquetado y cogí mi bolso. Me iba de ahí antes de que fueran las cosas de mal en peor.
Pero oír el pestillo de la puerta, las persianas de las grandes cristaleras cerrarse y me eché, literalmente a temblar.Tragué saliva antes de darme la vuelta despacio, sabiendo lo que me iba a encontrar.
Mi mente y mi cuerpo estaban divididos. Una me pedía que me largara de allí, la otra que me quedara.

Se acercó lo bastante como para extender el brazo y quitarme el bolso, tirándolo a un lado de la mesa. Se aflojó el nudo de la corbata, otra vez, mientras me miraba de arriba a bajo relamiéndose. Yo seguía sin poder decir nada hipnotizada con su boca. Sus dedos me rozaron el cuello, y por inercia me eché atrás. Me agarró del brazo hasta pegarme a él por completo.

  • Muy desobediente.
  • Estoy aquí para trabajar, no para cumplir guarrerías.
  • ¿Segura?

Pues no. Por que tener sus manos masajeando mi culo, pegándome a él y empezar a notar su erección a través de la ropa no ayudaba a pensar. Intenté soltarme, pero aprovechó que me moví para darme la vuelta y ponerme contra la pared. Las gafas se me iban a caer pero lo único que yo pensaba era que no se me cayeran las bragas, y eso iba a ser tarea difícil.

Sus manos subían mi falda despacio mientras buscaba mi cuello y sentía su respiración en el. No se cuantas veces pedí que me soltara, aunque la firmeza no es que estuviera presente en mis palabras, quizás por eso me ignoraba por completo.

  • Te dije que tendrías que aprender a trabajar conmigo. - metió las manos bajo la falda y subió hasta la cintura, tiró de ellas hasta dejarlas por las rodillas.
  • No, me dijiste que tendría que ver como trabajais aquí. - Intenté apartar sus manos, que subían por mis muslos, dejando atrás las bragas y yendo hacía el centro del interés.

Sacó la blusa que estaba metida por dentro de mi falda y metió la mano libre debajo, llegando hasta uno de mis pechos y acariciando por encima del sujetador, tirando del filo hasta sacar el pezón que empezaba a endurecerse con su tacto. Un pellizco que me hizo arquearme le arrancó un suspiro, por que acabé rozando el culo con algo que cada vez se endurecía mas.

Podía sentir el pelo escapándose del moño y cayendo con los suaves movimientos que me estaba dando. Su mano entre mi pierna se impregnaba de mi humedad, restregándo sus dedos en la zona más sensible y alterada que tenía, buscando una entrada por la que perderse.

Dos de sus dedos me invadían, entraban y salían, mientras la palma de su mano se frotaba contra mi y con la otra apretaba mi pecho, escapando entre sus dedos.
Me dejé llevar pese al cabreo que tenía, más tarde le daría el buen tortazo que se merecía, pero ahora sólo podía disfrutar de lo que me estaba dando.

Dejé la cabeza caer sobre su hombro, mi boca entreabierta dejaba salir los suspiros de placer, que eran silenciados por mis dientes, mordiéndome el labio.
Me estaba llevando al límite, sabía como hacerlo y se le daba bien. La sensación de estar contra él y la pared era cuanto menos excitante, para mi y para él, que en cualquier momento el pantalón amenazaba con reventarle.
Estaba apunto de correrme, si seguía así no iba a durar mucho y como si lo notara, soltó mi pecho y me tapó la boca mientras aceleraba el ritmo con su otra mano. Intenté tocarle para agarrarlo, necesitaba apretar algo y clavé las uñas en su brazo cubierto por la camisa.

Las piernas me temblaban, si no me sujetaba me iba a caer. Me di la vuelta, me apoye en la pared y agarre la cintura de su pantalón atrayéndolo hacía mi.

  • Por esta vez pase. - Le dije mientras pasaba mis manos por su pecho y me mordía el labio mirándolo a los ojos a través de las gafas. - Todavía me planteo si quedarme o no.
  • Tu haz lo que ibas a hacer y ya hablaremos. Todo es nogociable. - Y cogió mi mano con la suya y la puso en su paquete.

Mis caricias aumentaban el bulto de su pantalón, así que me aparté. Me desabroché cada botón de la blusa despacio, sin apartar los ojos de él, hasta quedarme en sujetador. Acerqué mi pecho hasta su erección encerrada y me pegué mientras subía, restregando mis pechos por su cuerpo, hasta ponerme a su altura y acercar mi boca a la suya.

Lamí sus labios, pegué algún mordisco, sin dejar de prestar atención a la ropa que me impedía tocarle como deseaba. Terminé de quitarle la corbata, con la que otras veces me había atado, y desabroché su camisa de un tirón, saliendo algún botón desperdigado.

Pasé despacio las manos por su pecho, rozando con las uñas su piel y acercando mi boca hasta él. Descendí poco a poco, lamiendo un recorrido que parecía gustarle, hasta llegar a su cinturón.
Me puse de rodillas y sin dejar de mirarlo a los ojos, y ver la cara de excitación que tenía, lo desabroché y le bajé los pantalones, liberando su miembro duro cerca de mi boca, rozándome.

Le agarré del culo y le pegué a mi pecho, colocando su erección entre ellos, acogiéndolo, empecé a masajear despacio, lentamente, y mientras subia y bajaba agarrándolos con ayuda de mis manos, le pasé la lengua por la punta. Me cogió la cabeza y me obligó a mirarlo mientras lo hacía.

Me apartó bruscamente, me llevó hasta su mesa y de un manotazo apartó todo, cayendo todos los papeles por el suelo y dejándola vacía. Me puso contra ella, me levantó la falda y dejando caer mis bragas hasta mis tacones me abrió las piernas. Se colocó entre ellas y agarrándome por los cachetes comenzó a rosarse con mi culo. Desesperada, ansiosa, impaciente, mojada, excitada... cualquier palabra anteriormente escrita podría definir mi estado de embriaguez por él.

No aguanté más y pillándolo por sorpresa me di la vuelta, lo puse a el pegado a la mesa y lo tumbé. Me subí a horcajadas sobre él, rozando mi sexo empapado en su erección y poniendo mis pechos en su cara. Me movía como una serpiente intentando camuflarme con su cuerpo. Estaba tan excitado como yo, apenas podía apartar los ojos de mi y sus manos me agarraban el culo clavándome con él, hasta que agarré su miembro con la mano y me lo introducí lentamente en mi interior, poco a poco, abriéndome para él, recibiéndolo entero hasta el fondo.

Apoyé mis manos en su pecho, subía y bajaba despacio, echando la cabeza hacía atrás y mordiéndome el labio. Noté como intentaba quitarme el sujetador, así que me apegué más a él y me eché hacía adelante, y dejó mis pechos al aire que no paraban de moverse cerca de su cara. Él movía la cabeza en cada movimiento intentando llegar hasta ellos, pegando pequeños mordiscos cuanto podía.

En su boca susurré algo que pareció hacerle gracia y acelerarlo un poco más. "Eres un cabrón miserable y aprovechado" a lo que respondió "Eres tu la que está sobre mi". Aún así, mandaba él. En cada movimiento, cada embestida y cada caricia, era el jefe. Como lo iba a ser a partir de ahora. La situación empezaba a ponerse cada vez más y más morbosa y las promesas de lo que podría pasar en aquel despacho me hizo perder el control y acelerar el ritmo de la penetración, buscando fricción con él y corriendome mientras clavaba mis uñas en su pecho. Los gemidos se escapaban de mi boca y sus ojos se clavaban en ella. Le empujé al abismo del placer y se perdió entre embestidas corriéndose en mi interior.

Podía sentir cada gota caliente que derramaba, como me llenaba y palpitaba moviéndose cada vez más despacio hasta que paró. Nos quedamos así un unos segundos hasta que me quité dispuesta a ponerme la ropa en su sitio, pero él me frenó.


"Antes de vestirte, recoge lo que hay por el suelo". Y nuevamente estaba de rodillas medio desnuda con el a escasos centímetros de mi. Este trabajo prometía.

jueves, 24 de agosto de 2017

El cliente siempre lleva razón

El cliente siempre lleva razón


Mi trabajo es aburrido. Mucho. Tanto que últimamente los días se me hacen terriblemente eternos. Soy masajista en un centro pijo de la ciudad, donde todos combinamos con todos llevando un uniforme de tres piezas. Pantalon negro por debajo de la rodilla, camiseta de tirantes en color burdeos y chaqueta de manga corta combinando ambos colores con pequeños adornos. Siempre tenemos una lista de clientes fijos, es una manera de repartirnos el trabajo y saber como darle al cliente las mejores atenciones de acuerdo con sus gustos y peticiones.

Son las 10, pronto empezarán a venir los clientes y yo aún estoy medio dormida haciéndome una coleta. Con suerte hoy es el último día que vendré todo el día, a partir de mañana me tocara sólo de mañana. Atiendo a un chico y una chica, cuando una de mis compañeras me pide que vaya a hablar con nuestra jefa.
Eso no puede ser bueno por muchas razones, pero como no tengo otra voy. Me explica que una de mis compañeras se ha puesto enferma y que tendremos que cubrirla entre todas lo que resta de semana, por lo que sus clientes fijos pasan a repartirse, y por lo tanto adios a mis planes e ilusiones sobre el horario de por la tarde.

"Venga, es Martes, sólo son tres días más." Me digo intentando autoconvencerme de que estoy bien. Pero no lo estoy. Yo tenía planes. Unos planes que consistian en tirarme en el sofá con una copa de ron en la mano y ponerme ciega viendo Netflix, pero eran MIS planes y me los han arrebatado.

Como de nada sirve quejarse hago de tripas corazón y voy hacía la recepcionista que tiene el libro de clientes y cada masajista asignada. Busco a mi compañera, sus clientes y veo que se me han adelantado por que está ya escrito abajo mi nombre y los que me tocan... suspiro por la poca sensibilidad de contarme las cosas. Es verdad que la confianza da asco, y los enchufes casi que también.

Son las 13:30 pasadas, y pronto empezaré a recoger para irme a comer, descansar y volver a las 16. Sin embargo alguien llama a mi puerta. La recepcionista con cara de "¡por qué debo darle yo la mala noticia!" me mira y empieza a hablar.

-Hay un hombre que tenía cita con Anna, y está aquí.
-Ya, pero es que no es mi cliente, este se lo quedaba Jessica. Habla con ella.
-Se ha ido hace 5 minutos, y tu eres la única que está ahora mismo libre y aqui.
-Libre no estoy por que estoy recogiendo para irme.

Me mira con cara de pena, a sabiendas de que me da lastima por que todas la tratan como un mono de feria como si ella tuviese la culpa de algo de lo que pasa aquí dentro. Así que con resignación cierro los ojos y suspiro. "Vale, que espere fuera y ahora le aviso".

Cuando abro la puerta me encuentro con una cara familiar, alguien que me he cruzado varias veces. Y con el que las palabras han sido más bien escasas. Alguien que está siempre en la cafeteria que hay de bajo de mi casa y aparte, es el cliente de mi compañera que está de baja, y que en el reparto de bienes "ja" le ha tocado a Jessica.
Me mira de arriba abajo y su mirada se me clava hasta los huesos haciéndome sentir ...incómoda. Le pregunto que tipo de masajes le hace mi compañera y me interroga sobre por qué ella no está. El silencio es un poco incómodo, y estoy deseando que se pase la sesión cuanto antes.

La sala está más silenciosa de lo normal, me pide que baje más la persiana y deje la habitación un poco más oscura. Enciendo una lamparita pequeña que tenemos en la habitación. El ambiente está tenso, cargado, el aroma de los inciensos, por primera vez, me empiezan a molestar. Le tiendo la toalla y le enseño la puerta del baño para que se cambie. Cuando sale ya tengo todo preparado y le pido que se tumbe.

Boca bajo empiezo a pasar las manos por el cuello, bajando por la zona de su espalda hasta llegar a la cintura, donde dice que tiene algo de dolor. Tiene los músculos entumecidos y puedo notar varios nudos bajo los músuculos. Me echo aceite de sándalo en ambas manos y froto varias veces antes de colocarlas en sus hombros. Empiezo a ejercer presión, pasando los pulgares por la parte del cuello, subiendo, bajando, marcando los huesos con los dedos. Desplazo las palmas de las manos por su espalda, masajeo la zona despacio, ejerciendo presión en ciertas zonas donde más tensión acumulada noto. Me entretengo en su cintura un poco, veo que se remueve bocabajo sobre la camilla, pero sigo. Vuelvo a subir y para poder masajear mejor el cuello y las cervicales me coloco delante de él.

Apenas he posado mis manos en su cuello cuando siento las suyas agarrarse a mis piernas. Me quedo quieta, lo que por un instante le hace levantar la cabeza y mirarme. Su expresión fría no pasa desapercibida y vuelvo a mi trabajo.

Siento como sus manos vuelven a moverse, subiendo por mis muslos y parando justo antes de llegar a mi culo. Siento un escalofrio. Esto no es algo habitual, pero ya me comentó mi compañera que alguno de sus clientes eran un tanto raros, así que continúo a lo mío sin darle más vueltas al tema.

Me agarra, me aprieta y siento sus dedos clavarse en mi piel como si atravesara la tela. Trago saliva, estoy nerviosa. Le pido que se de la vuelta para finalizar la sesión. Cuando lo hace no puedo evitar llevar mis ojos hasta su erección, que levanta parte de la toalla.

El momento es incómodo y realmente la tensión sexual rebosa en el ambiente. Aunque no es nada raro que algunos de los clientes tengan una erección, no me parece una situación común. No puedo dejar de mirar mientras siento como mi cara se empieza a calentar.

Intento terminar lo más rápido posible, pero se me hace eterno. Cuando acabo carraspeo y le digo que ya puede vestirse. Para mi sorpresa lo hace delante de mi, así que me doy la vuelta y evito el contacto visual. Pero la curiosidad me puede y por el rabillo del ojo miro como se viste y creo que se percata de mi por la sonrisa satisfactoria de su cara.



Esa tarde en casa no podía dejar de darle vueltas. Nunca me ha pasado nada así con ningún cliente, pero aunque incómodo no me ha molestado, más bien todo lo contrario. Me pongo algo decente y bajo a la cafetería con la curiosidad de si estará ahí como otras veces. He terminado de comer y apenas tengo tiempo de tomarme un café y volver al trabajo.
Lo vuelvo a ver, incluso esta vez me sorprende hablando un poco más, aunque sigue siendo el mismo sieso que me ha parecido siempre. Me invita a un café y tras hablar un poco del trabajo me mira a los ojos fijamente y sus palabras me dejan sin saber que decir.

  • ¿Te ha gustado lo que has visto? - sonrie satisfecho al notar mi cara poniéndose colorada. - No parecías muy disgustada.
  • Yo... - Tragué saliva y removí mi café antes de dar un trago. - Me tengo que ir a trabajar, entro ya mismo.
  • ¿Haces el turno de Anna?
  • No. Todos hacemos su turno, esta mañana te tocaba otra masajista, no yo.
  • Bueno, no tengo queja de la que me ha tocado.

Si había un momento para salir huyendo o evaporarse era ese. Por que no sabía donde meterme con la verguenza que estaba pasando. Así que cogí, con la mirada tan firme como podía y me levante, le di las gracias y me fui. No sin antes hacer un poco el ridículo al levantarme de la silla y dejar unos segundo mis bragas al descubierto. Que como no, seguro las habría visto.

No miré atrás para comprobarlo y me largué a trabajar. En el centro me puse el uniforme y me puse al lío otra vez, sin dejar de pensar en ese tío. Lo cual era ridículo por donde lo mirara. Lo he visto muchas veces, que más daba. "Precisamente por eso". Estaba ahogándome en un vaso de agua, después de eso ya no iba a ser su masajista más por que estaba Jessica y Anna.

Al día siguiente la chica de recepción me avisó que tenía un cliente nuevo interesado en que le atendiese yo. No le pregunté el nombre y me fui a mi salita a esperar que entrara el que tocaba. Cuando acabé con la chica que tenía a primera hora llamaron a la puerta y con un "pasa" veo entrar al tío que me tenía desde el día anterior un poco tensa.

  • -Hola... Jessica está al final del pasillo.
  • -Hola. - Entró y cerró la puerta. - Mi masajista eres tu.
  • -No. A ver... yo ayer sustituí a Jessica que a su vez sustituía a Anna y...
  • -Ya, pero he pedido que me atiendas tu.
  • -Anna es muy buena y Jessica también
  • -Pero me han gustado tus manos. - Trague saliva y miré al suelo. - Así que he pedido que me pongan contigo. ¿Algún inconveniente?
  • No. ¿Pero no te atendí ayer?
  • Tengo mucho estrés acumulado.

Y mi mente perversa hizo de ese comentario algo muy sucio.

Se desnudó y se puso la toalla, pero no se apartó de alli. Tuve que hacer grandes esfuerzos por no mirar. Esto era de locos, surrealista totalmente.

Se tumbó en la camilla con la postura del día anterior y repetimos el proceso. Intentaba evitar ponerme delante de él para no llegar al punto del día anterior, pero parece que eso no fue impedimento para agarrarme la pierna y acariciarme de arriba abajo, apretando en el agarre.

Sentía un nudo en el pecho, una sensación que bajaba por mi estómago hasta mi vientre y colándose entre mis piernas en lo mas profundo de mi. Cerré los ojos mientras mis manos empapadas en aceite acariciaban su espalda. Quise quitar de mi cabeza lo que el ambiente, sus manos y mi tacto estaban recreando en ella. Todo era demasiado intenso, demasiado extraño y eso lo hacía cada vez más morboso, por su rareza.

Creo recordar que en algún momento le pregunté que hacía, pero no obtuve respuesta, seguía acariciándome y cada vez me hacía evadirme más de la realidad, despertando curiosidades y sensaciones que me estaban afectando de una manera íntima.
Las piernas parecían temblarme, la voz casi no me salía y aunque me aclaré la garganta no podía oírme.

Me aparté, intentando que pillara la indirecta ¿pero quería yo que la pillara?, seguramente me estaba volviendo loca, pero mis instintos me decían una cosa y la cabeza otra. Mi cuerpo, sin embargo, era más directo y su manera de decirme que me estaba excitando y gustando aquello era mojando mis bragas.

Me puse delante de él, con mi entrepierna pegada a su cabeza. Tan cerca y en este ambiente hacía que me imaginara todo tipo de cosas, y ninguna era la de masajista y cliente.
Quizás temblaba o quizás era lo que ansiaba hacer, temblar bajo su boca mientras agarraba su cabeza así, en esta postura. Intentaba no pensar y evadirme en el trabajo pero era algo imposible. Más aún cuando ambas manos me agarraron los muslos y fueron ascendiendo por encima de la ropa. Me pareció escuchar un "preferiría ese vestidito de ayer". Trague saliva y seguía masajeando como podía, aunque ya era tarde... mi cabeza estaba en otra parte distinta a mis manos, y la razón empezaba a disiparse dejando paso a la perversión de mi cabeza.

Le pedí que se diera la vuelta para terminar. Lo hizo y no me sorprendió ver su erección como el día anterior, la misma que no podía dejar de mirar por mas que quería apartar la vista.
Cuando puse las manos en su pecho su mano derecha me agarró el culo, acercándome un poco más a la camilla y dándome un sobresalto. Cerré los ojos y respire hondo hasta que me encontré con "ánimo" de mirarlo y dirigirme a él.

  • Soy yo la que da el masaje, tu debes mantener las manos quietas. - sonreía y me miraba de arriba a bajo. - Para o tendré que dar por terminada la sesión. Hoy y cada día.

Creo que esto no le terminó de convencer, por que se levanto casi sin darme tiempo a nada, cayendo su toalla al suelo y agarrándome de la cintura pegándome a él. Logicamente noté su erección en mi barriga y un hormigueo que empezaba a subir entre mis muslos.
Con mis manos sobre sus hombros hice un vago esfuerzo por que me soltara. Eso de que no quería no me lo creía ni yo, pero esta locura tan surrealista tendría que quedar ahí.

Si me pillaban con un cliente acabaría en la calle... aunque si no se enteraran sería una bonita experiencia que contar. ¿Enserio estoy planteando esta situación?
Me volvió a la realidad, no sólo el hecho de tener a un tío desnudo pegado a mi cuerpo y con una erección que me podría partir por la mitad, sino que me agarró del pelo, tirando, y exponiendo mi cuello a él.
Aspiró mi olor y notaba su respiración acelerarse en mi piel, casi tanto como seguro notaba la mia.
Me puso contra la pared y me quitó la chaqueta, con vagos esfuerzos por mi parte de negarme, claro. Le dejé hacer y deshacer, mejor dicho desnudar, lo que quiso. Bajó los tirantes de la camiseta, y me sorprendió con mordiscos y lametones, no con los tipicos besitos románticos.

La situación se iba alejando cada vez más de la realidad, y a su vez mi mente se iba alejando más de lo que estaba bien y lo que no.

Se acercó a mi oído mientras enrollaba la camiseta con sus manos y tiraba de ella. "Ahora me toca a mi masajearte a ti". Apreté los muslos intentando controlar las palpitaciones que sentía entre las piernas. Se negaba. Metía su rodilla entre ellas para abrir un camino que poco despues iba a recorrer.

Me quitó el sujetador, bajó su cabeza hasta mis pechos, cogio uno con la boca y con la otra mano masajeaba el otro. Sus dientes rozaban mis pezones duros y su lengua acariciaba la dureza que me levantaba escalofrios y cierta presión en la parte baja del vientre.

Enredé mis manos en su pelo, pegando tirones de algunos mechones y observándolo a través de mis gafas como me miraba a los ojos.
Soltó lo que tenía entre manos y bajo despacio, torturándome con cada caricia lenta y cargada de promesas de placer. Acarició mi entrepierna, y sonrió contra mi barriga cuando percibió mi humedad incluso a través de la ropa.
Volvió a bajar, ocupando el lugar donde estaba su mano con la boca. Mordió, y un ligero gemido se me escapó de la boca.

"shhhhh, ¿No quieres que nos escuchen, verdad?"
"Mierda", pensé mientras me mordía los labios, intentaba cerrar las piernas en un intento de alivio y apartaba la cara a un lado para evitar su mirada.

Agarró la cintura de mi pantalon y tiró de ella hacía abajo, llevándose las bragas con el y dejándome expuesta, mojada y excitada. Se puso de rodillas, agarró mis muslos y metió su cabeza entre ellos. Aparté la vista otra vez por unos segundos, y su respiración en mi entrepierna me hizo volver a mirarlo.
La escena era cuanto menos, erótica, desesperante, lasciva. Un escalofrío y una necesidad me invadían por completo, de arriba abajo, arrastrando el placer con su lengua, saboreando mi parte más íntima.
Tenía mis manos clavadas en su cabeza, inconscientemente lo apretaba contra mi y me movía despacio, cerrando los ojos, echando la cabeza hacía atrás todo lo que la pared me lo permitía. Me mordía el labio, casi podía notar la sangre que me estaba haciendo yo misma intentando que nadie escuchara mis gemidos ahogados.

"Más..." susurré hundiéndolo un poco más. Y como si obedeciera acarició mi entrada con un dedo, metiéndose lentamente en mi, con uno, con dos, hasta que volví a temblar y frenó en seco.
"No quiero que te corras. Aún no." recordé algunas palabras como que el cliente siempre lleva razón. Mal momento para pensar en eso.

Se puso de pie dejándome así, completamente empapada y desorientada. Me miró lamiéndose los labios y pasando un dedo por mi boca. Sabía lo que quería y lo que iba hacer.
Puso la mano en mi cabeza y me empujo para que bajara, hasta estar de rodillas, delante de él, observando a través de mis gafas su cara, su mirada, su erección.

La agarré, acerqué mi boca y recorrí la suavidad de su piel con mis labios. Su mano en mi cabeza me presionaba, impaciente por meterse en mi boca. No le hice esperar, y lamiendo con la punta de mi lengua la metí hasta mi garganta. Agarró mi coleta y sus movimientos volvieron a tomar el control de la situación. Entraba y salía de mi boca cada vez con más fuerza. Miraba todo lo que la postura me permitía, pero lo suficiente para vez como su cara se desencajaba por el placer, como echaba la cabeza hacía atrás y cerrando los ojos, y al momento volvía a mirarme. La escena de su erección entrando y saliendo de mi boca era una imagen que sin duda alguna le estaba volviendo loco.

Por eso me sorprendió cuando me apartó, me lleví hasta la camilla y me puso contra ella, de espalda a él. Separó mis piernas, acarició mi sexo e introdujo dos dedos en mi interior. Su mano me presionaba la parte baja de la columna mientras la otra no dejaba de entrar y salir de mi. Parecía tener el control de mi cuerpo, saber cuando iba a correrme, por que en cada momento clave frenaba.

Durante unos segundos que parecían eternos no lo sentí pegado a mi, me di la vuelta y lo vi sacando un preservativo de su pantalón, se lo colocó y me empujó literalmente contra la camilla, en la misma postura que estaba. Agarró mis muslos y desde atrás me embistió, suavemente, abriéndose paso en mi interior mientras mi carne lo acogía con ganas. Sujetó mi coleta y la siguiente embestida fue dura, salvaje, animal, como las siguientes a ella.

Yo me apoyaba en la camilla con las manos, agarrando la sábana, pegando cada vez mas mi cara contra ella. Las gafas volaron. En alguna ocasión estiraba de mi pelo hacia él, dejando mi cuerpo completamente arqueado mientras entraba y salía de mi, embistiéndome sin control, con su otra mano en mi cintura, evitando que me despegara. Sólo soltaba mi coleta para pasar la mano por mi cuello y agarrarme, meter un dedo en mi boca o taparme para evitar que se escucharan mis gemidos de placer.

"Tenía curiosidad por ver como sería follarte" susurró en mi oído, acelerando mi pulso más aún si cabía. "Espero que las siguientes sesiones mantengan el liston así o mejor". Las palabras, la rudeza, lo animal que estaba siendo con sus movimientos en mi interior, me estaba volviendo completamente loca y dejándome sin posibilidad de pensar en nada que no fuera correrme con él dentro de mi.

Salía, rozaba su erección empapada por mi y me la restregaba por mi sexo para volver a meterla de un empujón. No podía soportarlo más, las piernas me temblaban, las manos me dolían, y necesitaba correrme de una puta vez.
Como si lo supiera puso una mano en mi boca y la otra entre mis piernas y mientras me silenciaba y me penetraba, me estimulaba la zona más íntima y sensible de mi cuerpo. Me corrí, sintiendo oleadas de placer por mi cuerpo, recoriendo cada nervio, cada músculo... Sin darme cuenta clavé mis dientes en su mano y eso aceleró sus movimientos más aún hasta que terminó en mi interior. Podía sentir a través del latex como su semen caliente se liberaba, aflojando los movimientos y dejando su peso caer poco a poco sobre el mio.



Ahora la cuestión era en como iba a mirarle a la cara a él o como iba a ser su masajista. Desde luego había dejado de ser un trabajo aburrido.





miércoles, 5 de abril de 2017

Déjate llevar

Déjate llevar


Sonó el despertador a las 7:15. No sé en que manual de iniciados al Boxeo ponía que había que pegarse un puto madrugón para correr antes. Quería ponerme en forma, pero no ir hecha una zombi. Sin embargo mi nuevo entrenador personal, un amigo que conocía hace unos meses, me lo había dejado muy claro. "A las 7 y media te espero en la puerta."

Mi entrenador personal... que bien sonaba joder. Recordar como le quedaba la ropa de deporte hizo que de repente madrugar fuese una maravilla, por que iba a verle en unos minutos. Seamos sinceras, que sí, que iba por que quería empezar a cuidarme y estar mejor fisicamente, pero eso no quita el extra de llevar un caramelo delante. Y así corría yo. Como si fuese una niña pequeña corriendo detrás de una piruleta de cereza.

Bueno, al lío. Me levante de la cama como pude mirando con cara de pena a la perra... pena por que yo no podía dormir como ella. Fui al baño y me aseé, me lavé los dientes, me peiné y volví a mi habitación donde me enfundé las mallas, el top deportivo y las zapatillas de deporte. Comprobé que tenía el móvil cargado de batería, a veces poníamos música, y salí de mi casa con pocas ganas.

Pero ahí estaba él... 1,80 de altura, cuerpo atlético, muy músculoso que me hizo preguntarme cuanto pesaría, ni un gramo de grasa y todo puro músculo, el pelito revuelto, esa sonrisa que me hacía entrar en calor y alegraba mis madrugones suicidas y su ropa. ¿Pero por qué le quedaba tan jodidamente bien esa ropa? Ay señor, que calor para ser las 7 y pico y estar tan ligera de ropa.

Me dio un beso en la cara y su perfume me llegó hasta el fondo de mi alma. Olía tan bien que me dolía, me mareaba, quería perderme en el sueño otra vez impregnada de ese olor. Me sacó de mis pensamientos con un cachete en la espalda, diciendo un "vamos" muy alegre y activo. ¿Qué toma este tío para tener esa energía? Si estoy medio dormida aún.

Pero no tardé mucho en despertarme del todo. Bastó con quedarme un poco tras él para ver como se movía y los músculos de su cuerpo se tensaban con cada movimiento que hacía. Giró la cabeza y paró.

-A ver, ¿muy temprano aún? - Dijo sonriendo mientras me cogía del brazo. - Tenemos que calentar un poco antes de empezar seriamente, ya lo sabes, así que venga.
  • Frío – Sólo dije eso. Claro es que teniendo su mano tocándome y viendo como las venas de su brazo estaban a la vista dejando claro su forma física pues no me ayudaba mucho, y menos a estas horas y sin nada en el cuerpo, me iba a dar un algo muy chungo un día de estos. - Es que hace frío, ¿tú no tienes?
  • No – Negó y tiró de mi. - Venga, quiero ver como mueves el culo, que si no te me acomodas detrás y no te mueves.

Me sentía observada, lo cual no me ayudaba NADA. Ya de por si llevaba unos días muy tonta con él. Con él, con su olor, con su pelo, con su sonrisa, con su espalda que se tensaba al correr, sus brazos que se marcaban cuando cogía algo de peso, su....BASTA. Correr, hay que correr para poder empezar con el boxeo. El boxeo requiere prepararación, entrenamiento. Así me lo dijo él muy serio cuando le dije que queria ponerme más fuerte y aprender a defenderme de malos. Céntrate salida.

Después de unos minutos corriendo sentía que el corazón se me iba a salir por la boca y no era amor, era asfíxia. Si corría un poco más iba a caer redonda al suelo. Así que me paré con las manos apoyadas en mis rodillas cogiendo aire.

-Pero bueno, ¿Ya está? - Dijo sin dejar de moverse a mi lado. - Pensaba que tendrías más aguante.
-Lo tengo, pero en otros ámbitos. - dije ironicamente. - Es que llevo mucho sin correr y estos días íbamos mas despacio.
-Es que si siempre vamos lentos no te acostumbrarás nunca. Y esto es el calentamiento de la clase, en el gimnasio son más duros ya lo sabes.
- Ya lo sé, pero...¿Cómo tienes tanta enregía? No eres de este puto mundo. Apenas son las 8.
-Costumbre supongo. Vamos.

Volví a iniciarme y cogí un poco de ritmo. Ya si. Ahora si iba yo en mi salsa corriendo y disfrutando del paisaje, que no era el parque por el que corríamos, sino su cuerpo, por que ahora él iba delante. Así es un incentivo para correr, claro que si, así soy capaz de llegar a China corriendo.

Tan atenta estaba yo del monumento que se movía al ritmo de piernas delante mía que yo gilipollas de mi pille una piedra, me tropecé y me doblé el tobillo cayéndome contra todo el suelo de cara. Genial, esto iba a ser un incentivo precioso.

-¿Estás bien? - Vino hacía a mi en cuanto me quejé. - A ver.
-Me he tropezado. - Dije secamente muerta de verguenza. Dios mio que manos, si es que casi no pienso en el dolor mientras me toca. Ay... que bien huele. - Me duele.
-Tendrás una fractura. - Metió sus brazos bajo mis piernas y me cogió, al más puro estilo oficial y caballero. Estaba ya pensando como romperme algo el próximo día. - No hagas esfuerzos te llevaré al banco.

Madre mia que cuello, ahora verlo más de cerca, tan marcado tan... varonil. Me iba a morir. Debería estar rabiando del dolor, no pensando con los bajos, pero es que esto merecía eso y más. Me sentó en un banco del parque, esperando ver si se me pasaba, pero eso no tenía pinta de pasarse. Así que terminé en urgencias donde me dijeron que tenía un esguince de tobillo y que tenía que estar en reposo.

Tres días corriendo, tres días entrenando en un gimnasio con gente que parecía que me veía como si fuese un extraterrestre y el cuarto acabo en urgencias. Pues si que tenía esto buena pinta, nótese la ironía. Se empeñó en llevarme a mi casa, y meterme en la cama. Le dije que no que estaría bien, pero como vivía sola no me dejó, me dijo que necesitaría ayuda.
Cuando llegamos todavía estaba en peligro de volver a caerme por las muletas. No estaba mi casa lejos del hospital, así que fuimos a pie y yo a la pata coja con él a mi lado soltando bromas que, en otro momento, me habrían molestado, sin embargo me hizo reír.

Me las quitó de las manos y me volvió a coger en brazos para subir las escaleras hasta mi piso, por que ese día el ascensor también decidió averiarse. Todo parecía estar en mi contra ese día. Todo menos él. Quizás lo único bueno que sacaba de todo esto era que tenía más contacto con él del habitual y que estaba tan pendiente de mi que me lo quería comer... entero.

Me dejó en mi cama deshecha, y me acordé de mi madre. "Siempre tienes que hacer la cama por si acaso pasa algo", pero es que claro, ¿quién iba a pensar que me iba a acompañar un maromo a casa?, nadie. El caso es que pareció darle igual, me dejó allí y fue en busca de una botella de agua y me la dejó en la mesita, me acomodó en la cama y se me quedó mirando.

  • ¿Qué? - dije sin entender por qué me miraba así.
  • ¿Tendrás que cambiarte, no? - Claro, contigo aquí y ya me muero de verguenza hoy. - Puedo ayudarte a sentarte y me salgo.
  • Vale. - Dije roja como un tomate. - Abre el segundo cajón de esa cómoda y dame una camiseta de minnie que hay ahí.
  • ¿Minnie? - Se aguantó la risa.
  • Me gusta minnie, ¿qué pasa? Tu...dámela. Es como un vestido.

Se levantó y fue a coger lo que le pedí, me lo trajo y se salió de la habitación cuando me sentó en la cama.
Me costó un poco quitarme los pantalones pero no iba a pedirle ayuda para eso. Y cuando por fin me puse la camiseta que me llegaba hasta los muslos a forma de vestido le grité que podía pasar.

-Ohh que monada. - dijo riéndose de mi. - ¿Ya está bien la nena?
-No. Quiero matarte. - A polvos, pensé.- Gracias por acompañarme.

Se puso a mi lado y se quedó mirándome fijamente. Por un momento el corazón me latía muy deprisa,y creía que en cualquier momento me iba a desmayar.

-Oye... - Tragué saliva.
-¿Qué?
-Ya hay que ser torpe para hacerse una fractura con una piedra.

Quise estrangularlo. Pegarle un mordisco y quitarle esa sonrisa que tiene. Le di un manotazo y él me lo devolvió tirándome en la cama. Cayó sobre mi y nuestros pechos se pegaron tanto que casi sentíamos el uno el latir del otro.
La respiración se agitó, de ambos, y sin saber cómo sus labios estaban rozando los míos. Me quedé estática, sin saber como reaccionar, y con un nudo en el estómago que no supe como calificar. ¿Miedo? ¿deseo? ¿nervios?. Durante unos segundos de intenso roce sentí sus labios sobre los míos. Cálidos, suaves, apetecibles... pero no pude responder a eso.

Se dio cuenta y se apartó, haciendo una mueca humorística con la que salía de cualquier situación, lo cual me facilitó las cosas a mi. Pero estaba bloqueada y él lo sabía. Le gasté varias bromas para comprobar que nada había cambiado y así fue. Antes de irse de mi habitación se acercó a mi cama. Había estado toda la mañana conmigo, ¡incluso me trajo de comer!.

No sé aún por que pero le cogí de la parte superior central de la camiseta y le acerqué a mi boca, besándole por sorpresa, lo que él me correspondió ¡y de buena gana!.

No se cuanto estuvimos así, besándonos como posesos en celo, pero cuando se apartó me entró la risa, y eso se lo contagié también a él. Tras la risa sin sentido se marchó, dejándome la cabeza hecha un puto lío y sin saber como continuar aquello.
Hablé con Tatiana, mi amiga y ella, como siempre, me dijo lo que sabía ya. Que me lanzara a por él como si fuese una loba. Si fuese por ella el primer día ya me tendría que haber bajado las bragas y entregárselas como ofrenda, que lo hubiera hecho pero no era plan. Pero claro, alguien que se pasa el día más salida que el palo un churrero qué me iba a decir... aunque en el fondo pensaba lo que decía, no os creáis, se preocupaba por mi y sólo buscaba mi bienestar, el cual por cierto descubrí que empezaba con él.

Estaba más aburrida que una ostra, sin poder moverme y sin salir de esa cama, así que como pude fui por un libro y me entretuve un rato leyendo. Después cambié a la tele pero no había nada interesante y acabé quedándome frita a la hora de la siesta. Me despertó el móvil, y antes de mirar ya imaginaba quien era, o mi amiga o él. Me alegró saber que era él y no la pesada de mi adorada amiga para decirme si me lo había tirado ya. ¡Que presión por dios! Y que razón llevaba la jodía. Porque sí, en el fondo ella Tatiana tenía razón y estaba deseando acostarme con él, pero algo no me dejaba. Y ahora mi pie tampoco colaboraba.

  • ¿Como te encuentras, coja?
  • Mejor. - Pensando en ti, capullo. - Creo que mañana tendrás que seguir sin mi.
  • Lo superaré. - Puso voz dramática. - Aunque no te librarás de mi.
  • No puedo ir contigo. - Mi voz interior y Tatiana, en mi mente, resonaba con las palabras "que vaya a casa" susurradas como si fuese una película en la que el demonio está en tu oreja.
  • ¿Y no me vas a invitar a tu casa? Que rápido te desprendes de tu entrenador. - Fingió sentirse dolido.
  • Sabes que puedes venir cuando quieras. - y quedarte toda la vida si quieres. En mi cama para más señas.



No pude dejar de pensar en él, y no por que desde que colgué me tirara hasta la noche hablando por mensajes, no, sino que no podía quitármelo de la cabeza ni mientras cenaba, lo cual casi me hace matarme por el camino. Y el olor... por que cojones tendría ese olor en mi cuerpo. Olía a él, y tan bien... que quise meterme en una bolsa hermética para conservarlo para siempre.

Me costó horrores dormir. El dolor del pie era lo de menos, es que no paraba de pensar en ese beso. Por que no era un beso, era EL BESO, como me había dicho Tatiana por la noche cuando hablamos. Era la señal que esperaba.

Me tomé lo que me mandaron en el hospital para el dolor y eso me dejó inerte. Muerta. Drogada totalmente. Así que cuando me desperté lo hice por que el timbre de mi puerta estaba sonando y yo aún estaba despegando un ojo. Grité que quién era desde la cama y me iba a dar algo cuando lo oí a él. ¿Pero qué hora es? Miré el móvil y vi que eran las 9:30. Me hablaba a través de la puerta diciéndome que no hiciera esfuerzo y fuera con cuidado. Me sorprendió notarme mucho mejor.

Cuando abrí la puerta se me quedó mirando, aguantándose la risa.

  • ¿Qué? - dije sin saber de que se estaba partiendo. - ¿Qué pasa?
  • Tu pelo. ¿Te has peleado con alguien esta noche?

Me miré en el espejo de la entrada y me quería morir. Estaba completamente bufada y su risa se me contagió. Le invité a pasar y se sentó en el sofá. Traía un paquete de la pastelería que dejó en la mesa.

  • Supuse que no habías desayunado. - Destapó el paquete. - Y como ahora estás malita habrá que mimarte.
  • Oh dios... - dije cuando vi los bollitos de crema y chocolate. - ¿Para esto estoy yendo a correr?
  • No. estás yendo a correr para estar conmigo. - Mierda, me había calado parte del motivo. - Es broma, pero por una vez...

Eso creía él, que era broma. Me metí uno de los bollos de chocolate en la boca y casi gemí del gusto, todo esto bajo la atenta mirada de él que parecía disfrutar mirándome. Cuando acabé no me quitaba los ojos de encima. Y pareció que entendió mi cara de interrogación, por que me dijo un "nada, es que eres guapa hasta así". ¿Así cómo? Pensé. Pasó su dedo por mi boca, llevándose el chocolate que me había limpiado de los labios y se chupó el dedo. Algo que me puso tensa, muy tensa, dejándome totalmente descolocada.

Me ayudó a levantarme y me llevó a la cama, pese a mis esfuerzos por no acostarme, por que tampoco tenía dos piernas menos, sólo era un esguince. Pero nada, acabé en la cama y una cosa llevó a la otra y cuando menos me lo esperé sentí su mano por mi muslo, subir bajo mi super camiseta de minnie.

El pulso se me aceleró, la respiración me salía a destiempo y sentía un nudo en la garganta que me hacía palpitar cada rincón de mi cuerpo, rincones muy muy íntimos y escondidos. Su olor me embriagaba, me estaba llegádo al fondo de los pulmones y por momentos sentía que o le olía o me asfixiaba. Me quedé quieta, viendo como llevaba él el momento, recordando los consejos de Tatiana. "Déjate llevar". Y me dejé. Me tumbó y se puso a mi lado, mirándome, y acercándose cada vez más hasta que sus labios rozaron mi cuello y un escalofrío me recorrío todo mi ser.

Su mano ascendía desde mi muslo hasta la cintura, y de ahí a mi culo, metiéndose por la braguita y acariciándome los cachetes. Di un respingo, y me siseó que me calmara. Asentí, sin poder dejar de besarle, buscando su boca, su lengua, sus labios... Seguía subiendo su mano hasta llegar a mi pecho donde me agarró uno y con un dedo me rozaba el pezón, poniéndolo más dudo aún. La camiseta me sobraba y me la sacó despacio y con cuidado dejándome sólo con las braguitas debajo de él.

Él seguía vestido, y muy muy guapo con su ropa de deporte. Se quitó las zapatillas con los pies, y se puso de rodillas encima de mi para quitarse la camiseta, momento que yo aproveché para meter las manos bajo ella y acariciarle el pecho, subiendo conforme lo hacía la tela. Suspiré cuando note su torso duro, fuerte, suave.
Mis ojos se desviaron hasta su cintura, más abajo, hasta centrarse en su erección que se notaba a través del pantalón.

La cara me ardía, estaba nerviosa, excitada y no sabía si esconderme o decirle que hiciera conmigo lo que quisiera. Pero no hizo falta, él habló por mi. "Shhh, yo voy a cuidarte princesa" y sonó tan bien que me lo quise creer, al menos en ese momento.

Entrelazó sus manos con las mias, mientras estaba sobre mi y no dejó de besarme, despacio, saboreando mi boca, pegando su pecho al mio, ambos desnudos, y notando su erección en mi vientre.

Me solté de él y agarré su cara moviendo mis manos hasta su pelo, metiendo los dedos entre sus mechones y agarrando su cintura con una de mis piernas. La otra no la podía mover, maldita.
Sus manos recorrían mi cuerpo, agarraban mis pechos de una manera que creía morirme de deseo, una de sus manos me soltó y siguió bajando, hasta llegar a mis braguitas e introduciendo su mano en el interior de ella. Apreté los muslos por inercia, nerviosa, pero cuando noté sus caricias tan delicadas me relajé y me dejé llevar.

Su boca abandonó la mía, dejando un camino de besos conforme bajaba. Mi cuello nuevamente acogía sus labios, para poco después, dejarlos marchar por mi pecho, deteniéndose en mis pezones duros que se estremecian bajo la humedad de su lengua. Un calor intenso me invadía entre los muslos, su mano no dejaba de acariciarme y su boca no dejaba de bajar.

Agarró las braguitas con sus manos y levanté las caderas para facilitarle el trabajo. Me desprendió de ellas y ahora estaba totalmente desnuda frente a él. Me sentía indefensa, nerviosa y muy muy expuesta. Siguió con su boca por mi cintura hasta llegar a la parte más íntima de mi. Me miró con dudas pero, no supe que hacer y simplemente me dejé llevar presa de la situación, los sentmientos y el deseo.

Gemí cuando su lengua se coló en la zona más sensible, me arqueé cuando con ella subía y bajaba por mi sexo y sus manos agarraban las mías contra la cama, evitando que pudiera tocarle. Hundía su cara entre mis muslos y la visión desde mi perspectiva era tan excitante que sentía que iba a morir de placer ahí mismo. Me miraba mientras exploraba con su boca mi sexo y por un momento abandonó una de mis manos para llevar la suya hasta mi entrada. Primero un dedo, despacio, abriéndome para él, poco a poco iba metiéndose en mi y adueñándose de cada centímetro de mi cuerpo.

La sensación no podía ser más erótica y placentera, cerré los ojos y me mordí el labio mientras me movía bajo él con mis caderas lo poco que podía. No pude aguantar mucho más esta tortura placentera y simplementeme me corrí mientras él ejercía presión con su boca en mi sexo. Agitada y sofocada respiraba con dificultad. Se incorporó y me miró, quitándose los pantalones que aún llevaba, comprobando que debajo de ellos no llevaba nada.

Se posicionó entre mis piernas y se colocó en mi entrada. Poco a poco entró en mi, llenándome por completo y haciéndome sentir plena. Agarró mis muñecas a la altura de mi cabeza y poco a poco iba entrelazando los dedos con los míos, mientras me besaba de una forma como si quisiera trasmitirme algo a traves de nuestras bocas, ¿un sentimiento? A día de hoy no lo sé, pero fue la mejor sensación que había sentido nunca.

Sus embestidas, tan delicadas como placenteras y sensuales me estaban llevando al séptimo cielo. Perdí la noción del tiempo, me olvidé de mis miedos, mis temores y de todo, sólo existíamos él y yo. Nuestra respiración, nuestros cuerpos, nuestras ganas. Noté como se aceleraba su respiración contra mi boca, como jadeaba mientras entraba y salía de mi, y como sus músculos y su cuello se tensaban para lo que iba a venir. Iba a aquitarse, pero algo me hizo apretarle entre mis piernas, suplicando con mis ojos que no se moviera nunca de ahí. Y así, entre embestidas sentí como se corría dentro de mi y como nuestros gemidos se entrelazaban con nuestras lenguas.

Cuando se apartó y se puso a mi lado me abrazó desde atrás y así, en esa posición, me quedé dormida y no se ni cuanto tiempo, sólo se que las palabras de Tatiana resonaban en mi cabeza como una canción pegadiza "déjate llevar".

Fin.

lunes, 3 de abril de 2017

Inocente Dulzura Parte 4 (Final)

Inocente Dulzura Parte 4


La escarcha de los vasos se deslizó por mi mano, pero ni eso consiguió sacarme del estado de shock en el que me encontraba en ese momento. Estaba frente a la puerta de mi habitación con las bebidas en la mano, mirando la puerta una y otra vez sin saber que hacer, si entrar o no, si llamar o no... no sabía que debía hacer ahora. No había actuado bien y las consecuencias de esto se vería más pronto que tarde.

Tenía que entrar en algún momento, así que cogí aire y abrí la puerta. Cuando vi a Sam sentado entre los papeles aún me quería morir. No por los papeles, sino por lo que acababa de hacer. Tardé un rato en acercarme y casi se puede decir que lo hice por que me llamó la atención él mismo.

  • -¿Estás bien? - Se levantó y vino hacía mi.
  • -Sí... toma.
  • -Has tardado mucho. - dio un trago a su café.
  • -Es que había mucha gente.



No quise hablar más y me fui al baño directamente a meterme en la bañera con agua fría. Mi teléfono sonó varias veces, avisando de un mensaje nuevo en la APP, y pasé de mirarlo. Bastante lío tenía ya hecho y bastante mal me sentía ya. Bajo el agua no paraba de darle vueltas a lo que pasó en ese día, de hecho, pensaba si estaba soñando o era verdad. Cerré los ojos y dejé que el agua me empapara, eché jabón en mi mano y me recorrí cada rincón de mi cuerpo intentando no sólo limpiarme por fuera, sino por dentro. Pero la conciencia es algo que con agua y jabón no funciona. Me pasé la mano por el cuello, recordando sus besos y la lengua, cuando bajaba con ella por mi espalda. Me enjaboné los pechos, llegando a mi memoria cuando su boca atrapó el pezón y juegueteó con el. Casi de inmediato se me pusieron duros.

Maldije. Seguí bajando mi mano llena de espuma hasta mi vientre, mis muslos, la metí entre mis piernas y no podía pensar en nada que no fuese su cabeza ahí, con su boca dándome placer y haciéndome temblar hasta que me corrí en sus labios.
Estaba empapada y no sólo de agua, no. Estaba excitada sólo con recuerdos de hacía apenas un momento.

Me costó mucho no dejarme llevar y tocarme pensando en eso. La cabeza estaba hecha un lío "sólo sería una vez, y no tendría por que enterarse. Después de esto no nos volveremos a ver". ¿Sería eso posible? Dicen que toda mujer guarda un secreto inconfesable, ¿podría ser este el mio?. Maldita Lucía que me ha arrastrado a esto, y lo peor de todo, me he dejado arrastrar. Salí del agua y fui a vestirme. Tenía que apartar eso de mi mente, esto no podía continuar por ese camino.

Me puse un vestigo negro, por encima de la rodilla, sin tirantes y con un escote de seda.No llevaba sujetador y las braguitas eran negras, de encaje, un trocito de tela practicamente. Una gargantilla pegada al cuello del mismo color y los zapatos de tacón que Sam había dicho la primera vez. Los negros de aguja con un lacito anudado atrás, en el tobillo. Asi tendría excusa para que volvieramos pronto y evitar problemas. El pelo me lo dejé suelto.
Apenas me maquillé, para evitar que cuando se me encendiera la cara se me viera cargada. Por que se me encendería, estaba segura.
A las 20 estabamos abajo esperando a que llegaran, y cuando los vi aparecer miré al suelo automáticamente.
Salimos de allí y acabamos haciendo un recorrido por varios locales del centro de la ciudad. "Los mas famosos" dijo él. Supongo que eso era algo bueno para lo que sea que estaban haciendo, no es que el trabajo de Sam me interese.

El último local fue... raro. ¿Pero qué es ésto? Estaba todo el mundo restregándose con otros. La boca me llegaba al suelo y la música ochentera llamaba mi atención. ¿Pero qué coño...?. Mi cara era un poema, y supongo que humorístico viendo las caras de los que iban conmigo. Si me decían que estaba en un rodaje a lo Dirty Dancing me lo creería, sólo que yo no era Baby... ni tendría la suerte de serlo jamás.

Los pies me estaban matando y eso que apenas llevaba un par de horas dando paseos. Digo apenas por que lógicamente nos íbamos sentando y tomando algo. Se ve que este local ochentero despertó el interés de ellos, por que nos sentamos y empezaron a hablar mientras yo, aburrida, miraba mi móvil.
Intentaba evitar a toda costa las miradas del señor X, que no hacía más que intentar provocarme. Que si una insinuación por aquí, que si un roce por allá, el jiji, el jajá, y claro, cómo no, mensajes. Mensajes que eran de todo menos inocentes.

"Todavía me queda mucho de lo que te dije por cumplir, aunque hoy quiero llevarme tus bragas conmigo."
Claro que si, en eso estaba pensando. En aparecer en el hotel sin bragas y que mi novio me preguntara por ellas, total nadie iba a darse cuenta... ¿Es que está loco este tío? Para qué pregunto, pues claro que lo está. Le puse un icono como respuesta.

Necesitaba ir al baño pero no me atrevía. Sentía miedo de que me acompañara, así que le pedí a mi novio por lo bajini que viniera él. Después de su cara de incredulidad accedió, aunque tuve que inventarme un rollo en plan "es que no me gusta este sitio y me dan mala espina ese grupo de allí", por que no iba a decirle " quiero que vengas conmigo por que si no vienes ese cliente tuyo vendrá a follarme sin piedad".

Estaba en el baño, mi novio en la puerta y mi móvil en el bolso vibrando. Miré sin poder evitarlo y era él. Lo sabía. "Sientes miedo de ir sola al baño? Te acompaño?" que graciosete estaba. Salí de allí ya mejor de lo que entré y volvimos a la mesa. Entre copa y copa parece que nos asentamos en este garito y no nos íbamos a ir. ¡Se supone que los clientes eran serios!. Mandé un mensaje a Lucía y cuando me respondió me puso muchos "jajajas" y el icono de la cara muert de risa. Parece que mi situación le estaba resultando a ella muy cómoda. A mi en cambio no. Estaba hecha un manojo de nervios, bebía más de la cuenta por que no sabía que hacer y tampoco me iba a ir y dejar a mi novio tirado. "Claro, es mejor que te quedes y te termines tirando al otro, es mucho mejor" , me dijo mi amiga cuando volví a mandarle un SOS.

Fui a la barra a por otro gintonic, lo pedí y me quedé esperando mirando el móvil mientras. Cuando aparece una mano que me lo quita y en su lugar me tira un papel en la barra. Lo cojo, aunque antes le tiré del brazo preguntando que coño hacía y pidiéndo mi teléfono, y muy sonriente me señaló el papel con los ojos.
"Si quieres tu móvil tendrás que venir a por el, y ya sabes donde".

Confiaba en que el patrón de seguridad le aislara de toda mi privacidad. Me acerqué a la mesa donde estaba mi chico y le comenté en el oído que me iba un rato a tomar el aire. Me preguntó si me encontraba bien y le dije que sí, que sólo necesitaba un poco de aire por ese ambiente tan cargado. Sin embargo cuando vi que volvió a su tema con el otro me fui para el baño.
Estaba en la puerta, de pie y apoyado sobre la pared con los brazos cruzados. Con un gesto de la cabeza me indicó que le siguiera.

Fuimos hasta un cuarto donde ponía "sólo personal autorizado", necesitaba una llave, así que no entendía nada. "Un amigo trabaja aquí" dijo mientras la sacaba de su bolsillo. ¡La llave, mal pensados!. Abrió y aquello era... ¿Un despacho? Pues tenía la pinta. Mientras yo miraba todo con atención con un nudo en el estómago escuché la llave. Cerró y conmigo dentro.
  • -¿Qué estás haciendo? - Fui hasta la puerta. - Dame mi móvil.


Me cogió del brazo, me dio la vuelta y con la otra mano en mi cabeza me puso contra la puerta.

  • -Suéltame. - No me podía mover, me tenía inmovilizada con un brazo atrás, pegado a la cintura y la mano en la cabeza presionándome. ¿Esto era una llave de esas raras?. - Esto no va a salir como quieres. Lo de esta tarde...
  • Me supo a poco. - Ay dios. Y a mi...
  • No tenía que haber pasado, estamos pasando los límites.
  • No los estamos pasando. Simplemente no los hay. - Se pegó a mi y empezó a olerme.
  • Tu olor...Siempre me pregunté como sería. Y tu pelo, te he dicho miles de veces que me encanta.
Sí, me lo había dicho. Y ese día no sé por qué decidí dejármelo suelto.

Cesó su agarre de ambos lados y metió una de sus manos bajo mi vestido, agarró las bragas y tiró de ellas. Me escoció alguna parte cuando la tela se rasgó con mi piel. Pero por alguna razón que aún no entiendo eso me excitó. Se las guardó en el bolsillo de su pantalón vaquero y su mano indagó entre mis piernas, acariciando los puntos que más me hacían arder, los que mas nerviosa me ponía... era como si supiera todo de mi, como si pudiese ver a traves de mi mente y descubrir mi mas oscuros deseos. Muchas cosas las habíamos soltado pero otras... las estaba descubriendo ahora mismo.

Me volvío hacía él, se quitó el cinturón y me ató las manos, esta vez delante.Tenía el vestido subido y mi culo estaba en contacto con la puerta metálica fría. Vi como su boca se perdío junto a sus manos bajando la parte superior de mi vestido, dejando mis pechos al descubierto, por no llevar sujetador. Me mordió de una manera tierna, juguetona, pero con prisas y muchas ansias. Sabía que no teníamos tiempo y él también lo sabía, así que no se andó por las ramas.

Saboreó de mis pezones lo que quisó, mordió, junto mis pechos y pasó su cara por ellos, perdiéndose en su tamaño que tanto le gustaba. Cada segundo que pasaba yo notaba como mi interior se calentaba más, como mis ganas por el dominaban mi entre pierna y me evadían de esos pensamientos de moralidad. El no parecía pensar en nada, sólo en el momento y en disfrutarlo. Su erección encerrada en sus vaqueros presionaba mi vientre y eso me hacía desearle aún más.

Con las manos atadas fui a su paquete, busqué el botón y el se apartó de mis tetas para mirarme, satisfecho con mi cambio de actitud. Observó en todo momento mis manos desprenderle de la ropa y podía notar a escasos centímetros de mi cara como su respiración se aceleraba casi tanto como la mía.

Y ahí estaba. Acaricié su miembro por encima de la ropa interior, sintiendo como cada vez aumentaba su tamaño y dureza. Disfruté con ese momento de "poder" en el que yo le llevaba a él, en el que mis manos guiaban su deseo. Verle así, rendido por unos segundos, en mis manos atadas me estaba poniendo cachonda perdida.
Se la saqué y la acariciém despacio, atrayéndola hacía a mi vientre, movimientos suaves, pausados, lentos pero deseados. Y sin pensar y dejándome llevar me puse de rodillas y note como su cara cambiaba su expresión.
Acerqué mi boca, clavé mis ojos en los suyos y sin dejar de mirarle saqué la lengua y rodeé la punta de su erección. La fui metiendo en mi boca poco a poco, mirando a través de mis gafas la expresión de su cara. Antes de llegar a la garganta la saqué, lamí de abajo arriba, entreteniéndome con la punta para volver a repetir, sólo que esta vez no me ayudé de las manos. La metí en mi boca hasta la garganta, sintiendo como me atragantaba con ella, una y otra vez.

Sus manos en mi cabeza, metidas entre mi pelo me sujetaban con firmeza, hasta que me di cuenta de que empezó a acelerar y me estaba follando la boca.

Me apartó, me puso de pie y de cara contra la pared. Agarró mis muslos y pasando primero los dedos para comprobar como estaba, susurró en mi oído "más que lista. He ansiado esto". Escuché el rasgido de un preservativo, y antes de darme cuenta sentí como la punta de su miembro me presionaba la entrada, tan apretada pero empapada. Hacía intentos por entrar en mi, rozaba su erección por mi sexo, dándome temblores en las piernas, volvía a mi entrada e intentaba meterla otra vez, hasta que de tanto presionar entró.

Mi carne se abrió para él, alguien nuevo, diferente, algo que me volvió loca en cuanto empezó a entrar y salir de mi cada vez con más fuerza. Susurrándome cosas en el oído, escuchando su respiración acelerada y entrecortada, y notando su aliento en mi cuello. La música dejó de importarnos por que de repente, sólo nos escuchabamos el uno al otro y nuestros gemidos. El deseo, el placer, la pasión...

Me agarraba de las caderas y entraba y salía de mi con fuerza, salvaje. "Que apretada estás, estaba deseando abrirte... así... fuerte" y nuevamente acelaraba el ritmo.
Me apartó de ahí y me llevó hasta el escritorio donde me puso contra él. Sujetó mi cuello con una mano, con la otra mi culo. "Quiero que cada vez que te folle él, te acuerdes de mi, de esto, de mi polla entrando y saliendo de ti hasta hacer que te corras".
Y no pude soportar más aquello y me corrí, entre gemidos que el calló con su mano y por inercia mordí.

Él seguía en mi interior, empotrándome una y otra vez, con más fuerza,, sentía como su orgasmo estaba a punto de llegar y de pronto lo sentí, incluso a través del condón noté como se corría en mi interior y me sentí satisfecha, llena, completa.


Estabamos contra la puerta aun, con la respiración muy acelerada, en silencio y salió de mi interior. Me quedé así, sin saber muy bien que hacer o como reaccionar, ¡Me daba verguenza todo esto!. Me agarró la parte de abajo del vestido y me la bajó, tapándome el culo, momento que aprovechó para decirme algo en el oído.

"Ya está, no te molestaré más, he disfrutado mucho contigo, y se que tu también. Esto quedará aquí, no nos veremos más, no hablaremos más y ¡ah! Tus bragas, me las llevo yo. Salgamos de aquí."

Cogió otra vez su cinturón de mis manos y yo me coloqué el vestido bien, aún un poco en shock por lo que me dijo, no sabía como reaccionar y me quedé en silencio. Sabiendo que aquello era el final. Lo cual no sabía si para bien o para mal, ni el final de qué. Antes de salir me dio mi móvil.




Fin.

sábado, 1 de abril de 2017

Inocente dulzura Parte 3

Inocente dulzura Parte 3

Volvió a la mesa unos minutos después que yo y llevaba la corbata tapada con la chaqueta, posiblemente para evitar que se viera la marca de mi pintalabios en toda la tela. Tenía una sonrisa de medio lado que me estaba poniendo el vello de punta. Me preguntó Sam que qué quería comer. "carretera" pensé, por que quería irme de allí cuanto antes, mi estómago no estaba lo que se dice receptivo para la comida.

  • Bueno, disculpad mi curiosidad pero, ¿tenéis planes esta noche? - Espero que no tenga la desfachatez de decir lo que creo que va a decir.
  • Sí. - dije yo por inercia dejando a mi novio con la boca abierta.
  • ¿A sí? ¿cuales? - No podía callarse claro, sino Sam reventaba.
  • Descansar en el hotel.
  • Había pensado salir un poco, enseñaros algunos locales de aquí, Sé que no estaba previsto en la reunión y que es un poco informal, Sam, pero quizás esto nos venga bien para determinar el tipo de negocio que tenemos entre manos. Verías un poco el ambiente, las zonas más transitadas y sería un punto favorable.
  • No. - Y las palabras salieron solas otra vez de mi boca.
  • Un momento, por favor.

Sam se levantó de la mesa y me llamó para que le acompañara hasta la entrada. Me sentía observada, avergonzada, nerviosa, tensa... mi móvil sonó. Por dios.

-¿Qué pasa? - Preguntó él.
-Nada, que creo que debemos descansar en el hotel.
-Pero si me dijiste que no querías estar encerrada. - Cerró los ojos como cuando un padre no sabe ya que hacer con su hija adolescente.
-Pero no les conocemos de nada.
  • ¿Y? ¿qué somos niños? Por favor...
  • Pues ve tu.
  • No, vamos los dos. Que siempre te quejas que no salimos por ahí. - me puso un dedo en la boca. - Por favor, quiero que salga bien.

Asentí. Y quería darme contra la pared un cabezazo pero eso era desorbitado en un sitio público. Miré el móvil.

"Bonitas vistas desde aquí. Aunque desearía que esa raja del vestido fuese un poco más... profunda."
Por un momento sentí mis piernas como sin fuerza. Me iba a caer, a desmayar. No se si por el estrés, el nervio o por que esto me estaba poniendo un poco excitada.

Volvimos a la mesa. Mi novio dijo que aceptaba de buena gana la idea y quedamos a las 20:00 en una calle cercana a nuestro hotel. La comida estaba siendo muy tensa. Por que me daba la impresión de que él estaba disfrutando muchísimo con aquella situación y que jugaba conmigo.
Roces debajo de la mesa, insistencia en llenarme la copa de vino (cuando mi novio había dicho que si bebía más acabaría acostándome pronto en plan broma), y varios comentarios ambiguos que me hacían morderme la lengua.

Además teníamos el extra de mi móvil, el cual vibraba con cada mensaje que él me mandaba. No los miraba en el momento, para no dar mucho el cante, pero si hacía mis escapadas al baño con excusas y rezaba para que no viniera él detrás.Cuando llegué miré los 10 mensajes que me había dejado.

"¿qué pasaba si bebías mucho?"
"Que lástima que no te sentaras a mi lado para explorar más aun la suavidad de tus piernas, por que ese momento del baño ha sido tan... "
"Me encantaría follarte contra la pared ahora mismo y taparte la boca con mi mano hasta que me la tiñeras de rojo"
"¿has mojado ya las bragas?"
"vamos al baño un momento, anda..."

No pude leer más. Mierda, iba a venir, me iba pero ya. Pues no, no me iba por que era tarde. Entró en el baño abriéndose la chaqueta. Cuando me vio sonrió, mirándome de arriba a bajo. Intenté salir pero me agarró de la muñeca y tiró de mi hasta el baño de mujeres.Cerró la puerta con el pestillo y me puso en ella.
Presionó mi cuerpo con el suyo y me tapó la boca susurrando que me callara. Movía las manos para apartar las suyas.

  • ¿Qué cojones estás haciendo? - Dije cuando logré apartar su mano. - Está ahí mi novio, y yo no hago estas cosas.
  • Por internet sí. - Podía sentir su erección en mi vientre. - Sólo es un pasito más.
  • Por internet es una cosa y ésto es otra. Yo no pongo los cuernos con el primero que se aperece.
  • Sólo sería una vez. No tiene por que enterarse. Después de este fin de semana no nos volveremos a ver.
  • ¡Que te he dicho que...- Me besó. Y aunque intenté quitarlo su manera tan salvaje de besarme y el forcejeo me estaba calentando por ahí abajo más de lo que quería.

¿Qué estaba haciendo? Esto tenía que ser una puta broma. Su mano se deslizó por mi cintura hasta mis muslos y tiró de mi falda hacía arriba. Me besó el cuello, me olía, iba despacio, tranquilo, todo lo que yo no estaba en ese momento, y lo vi como se agachaba frente de mi.

-¿Qué haces? Levanta de ahí.

Me agarró los muslos y acercó su cara a mi entrepierna, pasando su nariz por mis bragas mojadas.

-¿Seguro que no quieres? - mordió por encima de la tela. - estás empapada, nena.
-Levanta. - Tragué saliva e intenté decirlo con la poca voz que tenía en ese momento.
-Oblígame.

Apartó las braguitas a un lado, sin quitármelas, y pasó sus labios por mi sexo, acariciando con la lengua. Yo por mi parte sólo podía hacer equilibrios para no desmayarme o caerme. Me temblaban las piernas y no me sostenía con los tacones. Agarré su pelo, y tenía una lucha interna conmigo misma por si apretarle más contra mi coño o apartarlo. No podía hacer nada, solo cerrar los ojos y morderme el labio disfrutando de su lengua ahí abajo. Estaba tan, pero tan excitada que no creo que tardara mucho en correrme. Él lo sabía. Se apartó, dejándome con cara de idiota y temblorosa.

-Vale, paro. - dijo entre risas camufladas por sus dedos, los que usaba para limpiarse los labios, - Volvamos o esto parecerá raro.

¿Más? Pensé. Salió él primero después de limpiarse en el lavabo los restos de pintalabios del beso y yo tardé un rato en reaccionar y hacer lo mismo. Mi cara en ese momento no la reconocía ni yo. Estaba en el limbo, como si estuviera viviendo un sueño ahora mismo y pasaran cosas sin sentido alguno.

Estaba cachonda perdida y lo estaba pasando realmente mal. Entre el vino y la situación me iba a morir. No llegaría a casa con vida. Además delante del otro chico estaría quedando como una meona, porque el señor X si que tenía excusa "Tengo que atender una llamada", y ala. Pero yo estaba todo el rato yendo al baño.

Acabé con más vino encima del que quería, asíque me eché una siesta digna de mención. Cuando me desperté Sam estaba envuelto en papeles y yo me puse un pantalón corto y una camiseta de tirantes y bajé al bar a por algo de beber. Me apetecía algo frío, hacía bastante calor.

Cuando entré apenas había gente, estaba muy tranquilo. No como yo cuando vi sentado al señor X en la barra, vestido con unos vaqueros y una camisa blanca remangada. Cuando iba a salir ya era tarde, me había visto. Con la poca entereza que tenía ahora mismo me acerqué a la barra y pedí un batido grande helado y un café frío para llevar.

-Ni saludas, ni miras el móvil... que seca estás conmigo. - Dijo volviendo su cara a mi y acercando su taburete hasta estár a mi lado.
-Hola. - ni le miré. Bueno si, pero de reojo. - Me voy ya. Y no, no he mirado el móvil, estaba dormida.
-¿Has dormido bien?
-Perfectamente.
-¿Mucho vino?

Se puso de pie y se colocó detrás de mi. Por favor, cercanías no... Me agarró con una mano en la cintura y acercó su boca a mi oído. "Ven al baño".
A día de hoy me pregunto por que lo hice, por qué fui, por qué le hice caso y por qué soy tan imbécil.

Miré a mi alrededor para comprobar que no me veía nadie "conocido" y fui hasta el baño. Sólo había dos puertas, aquí no había vestíbulo, y no sabía en cual entrar. Me quedé allí pasmada mirando, hasta que una mano salió del de mujeres y me metió para dentro.

-Has venido. - Sonrió victorioso y me empujó contra la pared. - ¿No has podido seguir haciéndote la dura, no?
-Quería saber que querías – Fingí rechazo.
  • Ya, claro.
  • Además, ¿tu qué haces aquí?
  • Pregunté a tu novio donde os quedábais. Le dije que vendríamos a por vosotros mejor para enseñaros los locales que comenté.
Que hijo de puta más grande. Lo vi llevar sus manos al bolsillo, sacar la corbata que le había manchado de pintalabios y mostrármela sonriente.

-¿Te gustaba mucho esta mañana, no? - cogió mis manos y las ató con ella. - igual puedo hacer que ahora te guste más.
-Suéltame ahora mismo. - Madre mia.- O gritaré.
-Oh, si que vas a agritar, pero no pidiendo socorro, sino pidiendo correrte. ¿Recuerdas esa conversación que tuvimos? Yo sí. Me gusta cumplir mi parte.

Agarró mis manos atadas y las puso sobre mi cabeza. Bajó la otra mano hasta mi pantalón corto y metió la mano, se abrió paso por las bragas hasta acariciarme mi sexo, que empezaba a mojarse más de la cuenta. Tocó con las yemas de los dedos despacio, haciendo que mi boca se entreabriera gimiendo. Metió un dedo entre los labios y lo movía despacio, lentamente, sintiendo la parte mas sensible de mi cuerpo palpitar.

-Esto no está bien...no puedo... hacer... esto
-Calla y disfruta. - Susurró en mi boca, mordisqueando mis labios y dejándome a su merced ya por completo.

No podía pensar, ni quería, por que una parte de mi deseaba esto. Ceder a la tentación, saltarme lo que siempre he considerado correcto, disfrutar en manos de otro y estar a su merced. Me iba a sentir muy mal después de esto, así que ahora disfrutaría el momento lo que pudiera.

Se abrió camino con un dedo hasta mi interior, mi carne le acogió en mi zona mas privada, metía, sacaba, y añadió otro dedo más. Las piernas me temblaban. Su boca bajaba por mi cuello pegando mordiscos, lametones, marcando cada zona de mi piel. Bajó con una mano un tirante dejándo un pecho al descubierto. No llevaba sujetador y aquello pareció gustarle.
Su mano lo acogió con ganas, rozando el pezón con el pulgar y endureciéndolo rápidamente. Lo llevó a su boca, y mientras me masturbaba con sus dedos y me hacía respirar de forma agitada, me miraba, con cara traviesa metiéndose el pezón en la boca.

Verlo así, chupar, lamer, sentir como sus dientes me rozaban, como sus dedos me acercaban hasta el orgasmo que llevaba deseando desde este medio día, iba a matarme. Nuevamente me dejó al borde del precipicio de placer que se avecinaba.
Le cogí del brazo con las manos aún atadas y le hice que me mirara.

-¿A qué juegas? - pregunté medio sollozando.
-Pidemelo. - Contestó en mi boca mientras apretaba un pecho.
-No juegues conmigo...
-Sólo pidemelo, inocente dulzura.
-Quiero correrme...- Terminé diciendo desesperada y frustrada.

Me dio la vuelta y me puso contra la pared, agarró mis pantalones y los bajó hasta sacarlos. Con las bragas hizo lo mismo, dejándome de cintura para abajo completamente desnuda y expuesta. Era excitante, morboso, vergonzoso y sobretodo prohibído, por eso una parte de mi estaba más excitada que nunca.
Subió mi camiseta y comenzó a deslizar la lengua por mi columna, mientras acariciaba mi culo y lo apretaba entre sus manos. Seguía bajando, más y más, hasta llegar al inicio de mis nalgas donde rozó sus labios, mordisqueando mi culo y para mi sorpresa azotándolo y haciendo que saltara de la impresión con un "¡ay!" que provocó que me agarrara la cabeza y la acercara a la pared más aún a modo de aviso de que me callara.

Agarró mis muslos, los separó lo suficiente como para meterse entre ellos y pasear su lengua por mi ingle, el interior de mis muslos y sobretodo... lo que más ansiaba. Mi sexo.
Tenía las manos apoyadas en la pared como podía, blancas de tanto apretarlas con la corbata puesta. Me sentía tan, tan, tan vulnerable entre sus manos que sentía que iba a desfallecer.

Me hizo elevarme durante el tiempo que sentí su lengua acariciando mi clitoris, dos de sus dedos entrando y saliendo de mi, y su otra mano marcando sus dedos en mi cachete. No iba a ser fácil tapar eso. Temblaba cada vez más, me mordía el labio intentando ahogar los gemidos que se me escapaban sin poderlo evitar, y el roce de los pezones en la pared me estaba volviendo completamente loca. Succionaba, lamía, chupaba, aumentaba la velocidad de lengua y dedos haciéndome perder el control hasta que no pude mas y me corrí, con su boca presionando mi sexo y sus manos agarrando mi culo.

Durante un momento me costaba casi respirar, no podía, la cara me ardía, igual que otras partes de mi cuerpo más que encendidas. Podía oír su risa traviesa y como su ego aumentaba con aquello. Maldito cabrón, pensé.

Se levantó rozándose por mi culo y pegando su erección a el. Acercó su boca a mi oído y me susurró "Vete con tu novio que te espera, aún tenemos una salida pendiente esta noche.".