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Un ciberamigo, un ciberorgasmo y una posible realidad. PARTE 1

Un ciber amigo, un ciberorgasmo y una posible realidad. Parte 1 Tiendo a pasar parte de mi día a día en internet por cuestione...

jueves, 30 de marzo de 2017

Inocente Dulzura (1 Parte)

Inocente dulzura (1 Parte)



- Que no quiero, y ya está. - Dije mientras volvía la vista al móvil. - No me apatece chuparme dos horas de carretera por un fin de semana en el que tengo que poner cara de gilipollas sonriente.
- Venga, exagera más. - Levantó los brazos llevándoselos a la cabeza. - Has venido otras veces, conociendo el sitio, ¿Por qué ahora no?
- Pues por que son dos horas de coche, y me marea. - me levanté del sofá y me fui a por un té. - Me marea mucho y más con esta calor.¿Qué quieres? ¿Que acabemos este bonito y precioso fin de semana lleno de encanto en urgencias?

Vale que esto último rebosaba sarcasmo e ironía, pero es que la idea de acompañar a mi novio al culo del mundo por un fin de semana de trabajo, sí, TRABAJO, no me molaba nada. Iba a estar dando vueltas de un sitio a otro como un tonto sin guitarra y fingiendo tantas sonrisas que iba a parecer el Lunes que habría dormido con una percha en la boca. Me niego. Estoy reventada de toda la semana, lo único que me apatece es quedarme el finde en el sofá, con litros de té con limón y mi fiel compañero. El móvil. Me había enganchado últimamente a una App donde conoces gente, haces el gamberro y ahí queda todo bajo un "sí sí, me conecto mañana" y mañana no llega por que te cambias el nick. Quería mi fin de semana de móvil y tonterias, LO MERECÍA.

Me puse a hacer de comer, viendo que la cara de mi novio era un poema cada vez que le miraba. Intentaba hacerme chantaje emocional el muy cabrón y hacerme sentir mal hasta que dijera que sí. Pero es que yo quería decir que no. ¿Me entendéis? Que no quería ir a ningún lado. Su trabajo es tan divertido como que te disparen pelotas de goma en el culo. Haceros a la idea.

- ¿Por qué no quieres ir? - Dios bendito, me daba la comida, enserio. - Siempre dices que no te llevo a ningún sitio.
- Por que no me llevas, por eso lo digo. - Puse cara de maceta mustia, lo juro. - Llevarme de acompañante a presentarme a tus clientes no es llevarme por ahí. Es como si llevaras una secretaria.
- ¿Pero que gilipolleces estás diciendo?
- Buff.... - Bufé negra ya, este tío, mira que le quiero, pero me chupaba la energía. - Vale, iré. Pero como se te ocurra tenerme después de las reuniones encerrada en el hotel viendo como te rodeas de papeles te vienes tu solo de vuelta a casa.
- Es trabajo, tendré que tener papeles. - Dijo aguantando la risa.
- Te la estás jugando, cariño, y puedes perder. - Le apunté con el dedo sabiendo que ese gesto le ponía de los nervios y sí, acerté.


Era Jueves, quedaba poco para irnos al maldito viaje. Así que tenía poco tiempo para preparar las cosas y dejarme la casa medio decente por si, como decía mi madre y abuela, "pasa algo". Que por otro lado no lo entiendo, por que pon tu que nos estrellamos en la carretera, ¿Qué mas dará como esté mi casa?, lo importante es la carretera donde yo esté y el hospital al que me lleven, ¿no?. Bueno que me voy del tema. Que tenía mucho que hacer.
Sin embargo... el móvil, ese maldito artilugio de satanás me tenía enganchada hablando con un guaperas que según decía me llevaba 10 años. No me miréis así... es internet, yo también puedo decir que soy astrofísica y la realidad es que soy administrativa contable. Bueno quien dice contable dice que cuenta... papeles. Internet es un nido donde cualquiera puede ser quien le gustaría, así que para alejarme de la rutina diaria de mi vida real probé el consejo de mi amiga Lucía "Registrate con un nick atrayente y verás cuantas ventanas se abren" en el momento me quedé un poco loca, pero haciendo caso de su consejo terminé enganchada al móvil todo el puto día. Y por esa razón no quería ni irme de viaje ese fin de semana. "Es internet, es virtual, no son cuernos. Deja de ser tan mojigata que sólo te falta el habito". Claro, para ella era fácil, las bragas se le bajaban solas por la calle así que imaginad. Pero el caso es que... sí, acepté su consejo y la verdad estaba contenta y satisfecha, me lo pasaba muy bien y me encontraba cada uno que... incluso se lo contaba a mi novio. No todo claro. Como voy a contarle que tuve una relación amorosa de dos días con un tío de nick "Príncipe nabo", no lo iba a entender, así que cosas como esas las dejé para anécdotas futuras. Pero no todo era así de surrealista, no. Había tíos que si eran así de verdad yo quería tener un bolsillo como el de Doraemon, sacar una puerta, e ir casa por casa a hincar el diente. Sobretodo el que hablaba conmigo hacía una semana "Teniente6969" con es nick quise cerrar la ventana nada más la vi parpadear, pero bueno, dado a mi fetichismo por los militares dejé mi curiosidad seguir adelante. El teniente que me sacaba 10 años era un cerdo. Pero un cerdo, esto igual me deja en mal lugar, un cerdo encantador. La lengua sucia que tenía no hacía sino aumentar mi curiosidad y obsesión por hablar con él un día, y otro y otro más. Me decía cada cosa... oh dios mio, que labia, que tontorrona me ponía, y me salía la sonrisilla esta típica de gilipollas que se pone mientras miras el móvil hasta el punto que mi novio me decía que si estaba bien. Aclaro que no, no era teniente, igual que yo de inocencia tenía poca.

Divinamente, decía yo. Además que sí. Me lo pasaba en grande con él y habíamos tenido mucho feeling en cuanto empezamos a hablar. Pero ya está, ahí quedó todo. Teniamos nuestras conversaciones subidas de tono como el que más, fantaseábamos, yo como "Inocente Dulzura" y él como el "Teniente6969". No hablabamos de la vida personal ni privada, sólo sabíamos lo básico, estabamos con pareja, la edad y punto. Tampoco voy a contarle a un desconocido mi día a día, no estoy tan loca... aún.

Estoy terminando de limpiar hasta los azulejos del baño para dejarlo todo como mi señora madre me ha inculcado cuando mi móvil sonó. Otro mensajito del Teniente. Sólo le había hablado de él a mi amiga, y según ella llamarlo teniente era muy friki, era mejor llamarlo señor X. Lucia me flipa cada día más. El señor X decía que me echaba de menos y que hoy había estado muy callada, que donde estaba esa boca que le gustaria morder.
Claro, a estas alturas eso es una tonteria pero una tiene una edad en la que si le dicen estas cosas de quinceañera pues se pone imbécil. Por cierto, mi edad es 28, así que el teniente rozaba el papel de madurito que me ponía como una moto y tenía... barba. ¿Quién puede decir que no a eso? Nadie. Los hombres de verdad llevan barba y si Lucía me lo dice, es que es verdad. Por que ella carrera no tendrá, pero tiene un Máster de Fornicación de la Real Academia de tíos buenos. Así que si Lucia dice que los hombres vuelan, ¿quién soy yo para decir lo contrario?

Inocente_Dulzura: Estoy haciendo las maletas
Teniente6969: ¿Vas a venir a verme?
ID: Eso te gustaría a ti
T: No te lo negaré. ¿Pero me vas a decir a donde vas?
ID: Acompaño a mi novio a un viaje de negocios este fin de semana.
T: Que bien, estarás entusiasmada.
ID: Oh si... extasiada.
T: Y donde es
ID: A ti te lo voy a decir para que vayas a verme. ¡ja!

El resto de la conversación os lo ahorraré, por que total, guarradas ya hemos leído todos muchas veces y esto no es una novela erótica para mamis aburridas ni una película porno. Me puse a hacer las maletas, por que todos sabemos que cuando una mujer sale de viaje tiene que llevar muchas cosas, "por si acaso hace frío" "por si acaso hace calor" "por si acaso esto no me pega" "por si acaso se me arruga" "por si acaso...." vamos que terminas preparando equipaje para quedarte a vivir allí en lugar de para un fin de semana. La cara de mi novio al ver tanta cosa fue una mezcla entre terror y pena. Yo no sabía si reirme o decirle que era una broma.

  • ¿Pero ésto qué es? - dijo mientras se quedó mirando la fila de maletas y bolsos en la entrada del piso.
  • El equipaje. - dije tan tranquila mientras pasé por delante de él a dejar la cena en la mesa.
  • Menos mal que me has hecho el mio por que estoy reventado. - Se sentó en la mesa y se desabrochó los botones de la camisa.
  • Eh... no. - Respondí nerviosa.
  • ¿No qué?
  • Que no te he hecho el equipaje. Ese es el mio.
  • ¿Pero cuanto te crees que es un fin de semana? Si no hay coche para tanta maleta.
  • Es que no sé que llevarme por si acaso cambia el tiempo. Además tendré que vestirme presentable.
  • Si, pero no hace falta que te lleves todo el jodido armario, mujer. - Se levantó y fue a abrir el equipaje. - ¿Para que quieres 5 pares de zapatos? ¿Es que eres un pulpo?
  • Imbécil, van a juego con la ropa que llevo.
  • Pues a ver, un fin de semana, sábado, domingo... son dos días, dos indumentarias y dos pares de zapatos. Que no se por qué tienes que ser tan rara con eso. Ponte los mismos.
  • Todos no pegan con la misma ropa.
  • Mira, estos. - Sacó los negros de aguja anudados al tobillo con un lacito detrás. - el negro pega con todo.
  • Si me tiro dos dias con esos zapatos me tendrán que amputar los pies.
  • ¿Y para que te los compras?
  • Para ponérmelos.
  • Y estos – Me sacó las sandalias de cuña burdeus con el broche color crema. - Parecen más cómodos.
  • Pero son muy informales y el color no pega con todas las prendas.
  • Mira, llevate lo que te de la gana pero mi maleta la hago yo. Si lo sé no me esfuerzo para que vengas, es como llevarse una tienda de viaje.
  • ¡Tu querías que fuera! Ahora no te quejes si quiero estar guapa.

Salió del salón cuando cenamos y se fue a nuestra habitación a preparar su equipaje. Está claro que los hombres son más practicos que nosotras. Se llevó lo justo para dos días, el no pensaba que fuera a haber un huracán ni una ola de calor, no no. Él lo justo. ¿Que hacía frío? Pues muy bien. ¿que hacía calor? Estupendo. A veces no sé como no terminabamos extrangulándonos el uno al otro por lo diferentes que éramos en algunos aspectos.

Poco faltaba para lo que iba a ser un fin de semana que no me creía ni yo. Me acosté tarde, cansada y me tuve que beber dos valerianas por que no había dios ni su madre que me hiciese dormir. Y es que odio viajar, aunque sea al pueblo de al lado, imaginad dos horas de coche. Me muero. Que alguien me mate por favor. Me desperté todo el rato por la noche, arrimándome muy mimosa a mi novio a ver si la cosa se templaba y podía relajarme para dormir. Pero nada, el tío dormía como un tronco y no había forma de despertarlo. Así que me propuse relajarme sola.

Me puse boca arriba, bajé mi mano hasta mis bragas, agradeciendo que no me había puesto pantalones, y cerré los ojos dejándome llevar. Metí mi otra mano debajo de mi camiseta y me pellizcaba el pezón, mordiéndo mi labio inferior, acelerando el ritmo, deseosa de sentir como me corría y me quedaba exhausta. Creo que desperté a mi novio con el movimiento mio bajo las sábanas, y recalco creo, por que no se si estaba despierto o dormido, ya que directamente se puso sobre mi, me agarró las muñecas a la altura de la cabeza con una mano y me penetró directamente hasta el fondo de un empujón haciéndome gemir.
No decía nada, sólo notaba lo duro que estaba mientras entraba y salía de mi interior con fuerza, sintiendo su respiración acelerada contra mi boca. Me mordió los labios y mi orgasmo lo incitó a correrse él también. Salió de entre mis piernas y siguió durmiendo, yo me quedé en la gloria bendita y me quedé frita al poco.

Levantarse a las 7 nunca es de buen gusto y menos aún si sabes que las próximas horas serán metidas en un coche. No podía desayunar, no podía con mi cuerpo y terminé entrando con cara de asco en el vehículo y con un bolsito lleno de bolleria envasada. Igual el chocolate me quitaba la mala ostia que tenía encima. Pero que va. Me dormí por suerte. Me despertó el sonido del móvil y vi en la pantalla como el señor X me daba los buenos días. Respondí, haciendo que mi humor se suavizara. Me vino bien aquello como distracción, por que estaba a nada de tirarme por la ventanilla. ¿He dicho ya que odio viajar?.

Me estaba comiendo un bollo relleno de chocolate cuando uno de sus mensajes casi hizo que me atragantara. "Si yo fuera conduciendo a tu lado estaría una mano al volante y la otra en tus bragas". Si claro, eso queda muy bien sobre el papel, mas bien sobre el móvil, por que luego en la vida real piensas en el multazo que te llevarías y se le baja todo. Y cuando digo todo, es TODO.
Pero bueno, el hombre ponía empeño ¿tenía yo algo mejor que hacer? Pues no. Así que le seguí el rollo y me puse a fantasear con él sobre como montarselo en el coche. Algo que nunca había hecho, todo sea dicho.

T: Te echaré de menos el fin de semana dulzura.
ID: Que esté de viaje tampoco significa que deje el móvil.
T: Es que yo también trabajo, asi que...
ID:Nunca me has dicho de que trabajas.
T: Bueno, fuiste tu la que no querías que se sacasen más "detalles de la cuenta"
ID: ¿Y no me lo vas a decir?
T: ¿Y que recibo a cambio?
ID: ¿Qué quieres?
T: Pues espera que piense... Follarte.
ID: Claro, eso está hecho. ¿Algo mas fácil de cumplir?
T: Una foto de ti ahora mismo con la mano en las bragas.
ID: Estás loco, tengo a mi novio al lado.
T: Por eso.

La loca era yo. Porque mi instinto infantil y mi "a que si que puedo" me hizo revolverme y ponerme de tal manera en el asiento que con una mano sujetaba el móvil y la otra me metía dos dedos por la cinturilla de las bragas, insinuando que me iba a "tocar". Mi novio se giró mirándome y su cara preguntaba por si sola.

"No preguntes" le dije y se centró en la carretera. La tonteria me estaba poniendo cachonda como una perra, no entiendo exactamente por que, pero me estaba acordando de la mala influencia de Lucia. Maldita hija de su madre.

-¿Que coño te pasa? - Preguntó mi chico.
-Nada, los viajes que me dan mucho asco.
-Pues tienes cara de precisamente lo contrario.
-Bah, conduce a ver si llegamos de ua maldita vez a ese hotel.

Durante todo el camino iba pendiente del móvil, por que después de mandarle la foto no me habló, y me quedé como una tonta esperando... tanto que cuando llegué al hotel salí disparada a un enchufe para ponerlo a cargar, pero en el baño, donde aproveché y me metí en la bañera hasta arriba y me quedé en remojo un buen rato. No pude evitar mirar el móvil a riesgo de morir electrocutada o partiendome la crisma contra el marmol de la bañera, y puse la cámara frontal y me hice varias fotos jugando con la espuma tapando mi cuerpo, o al menos las zonas más "interesantes" de este. Me fui a la App y le pase las fotos al señor X. Su respuesta no tardo en llegar.

Cosas como "¿quieres que te aclare yo? ¿Estás tan mojada por dentro como por fuera? O ¿quieres que te seque a lametazos" me daba una mezcla entre risa y ganas de que eso pasara. ¿Estoy loca? Posiblemente. Y cuando volviera el Lunes a casa iba a soltarle un discurso a Lucía de la ostia, por que ella me advirtió de gente desequilibrada, pero es que esto era un hombre que me empezaba a hacer pasar buenos ratos y hacerme pensar cosas que moralmente no están bien vistas. Por lo pronto terminé tocándome en la bañera siguiendo las "ordenes" del señor X y le pasé varias fotos más en toalla dejando casi un pecho al descubierto.
Ah, y no me dijo en que trabajaba. Lo cual me empezaba a mosquear...¿Y si era algo que iba en contra de la ley?

Esa noche no salimos el hotel mi chico y yo, fuimos a cenar a la planta de abajo al restaurante del mismo y cuando acabamos subimos a la habitación. Estabamos agotados.
Aunque no tanto como para dejar pasar esa noche por alto. Cuando estaba encendiendo la luz llevé mi mano a su paquete, tiré de su cinturón hacía a mi y le besé, invadiendo su boca salvajemente, cogiendo su mano y poniéndola sobre uno de mis pechos, sabiendo que eso le encantaba, que pareciera que yo llevaba el control. Poco pasó hasta que la verdad salió a la luz y como siempre, tomó el mando. Me agarró del pelo y me estampó contra la pared, poniendo mi cara sobre esta, ¡ay las gafas! y haciendome sentir el frío. Agarró mis manos, las llevó hacia atrás y las ató con el cinturón que se había quitado. Me dejó inmovil en cuestión de segundos. Seguía tirando de mi pelo hacía él y notaba como los pezones duros se rozaban con la pared ignorando la tela del vestido.

Escuché la cremallera de su pantalón bajarse, sentí como subía mi vestido con rapidez y desesperación hasta enrollarlo en mi cintura y rozó su miembro en mi culo, pasandolo por entre medias de los cachetes. Yo me insinuaba, inclinándome y moviéndome un poco incitándole a que me la metiera, pero no lo hizo. En su lugar me abrió las piernas, se puso de rodillas y agarrando mis muslos lamió mi sexo de abajo arriba haciéndome temblar en su boca. Quería agarrarle del pelo y hundir su cabeza ahí, que me comiera entera, pero no podía. Estaba atada.
Pequeños espasmos me recorrian todo el cuerpo, más aún cuando sus dedos entraban y salían de mi, mientras su lengua recorría un camino de placer que me hacía gemir contra la pared. A estas alturas, las gafas me daban tan igual que moví la cabeza un poco hasta tirarlas al suelo. Le escuché reirse y sentí su aliento chocando en mi sexo. Siguío un rato de tortura placentera hasta que notó que iba a correrme y se detuvo.

Se puso de pie, enrrolló mi pelo en su mano, y aprovechó para presionar mi nuca hasta dejarme comiéndome la pared. Sentí como me levantaba un poco una pierna con la otra mano y se colocó en mi entrada, empujando despacio hasta mi interior. Sentía el baile de su miembro entrar y salir, rozarme con la punta y volver a meterla de un empujón, cada vez más fuerte, mas salvaje, más animal... "¿Esto es lo que querías para el fin de semana?¿diversión? Si querías que te follara podrías haberlo dicho en lugar de negarte a venir". "Más" logré decir mientras ejercía presión sobre su erección para sentirla más hasta el fondo.
Notaba sus dedos clavarse en mi cintura, mi carne tendría sus huellas dactilares mañana, me apretaba tanto y era tan bruto que sólo conseguía encenderme cada vez más hasta que no pude soportarlo más, y me corrí con él dentro de mi. Gimiendo contra la pared y dejando mi marca humeda en ella. Siguió un poco más hasta que sentí ese pequeño placer de notarlo correrse en mi interior, tan cálido, tan apetecible, tan relajante... Cuando salió noté como su semen caía por el interior de mis muslos aun caliente, su respiración agitada y una sensación de gozo que me llenaba.





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